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9 feb 2013

Amistad y Amor. Amor y Amistad.

Amor
Amiga
Amor y Amiga
No mía
Amor y Amiga
De noche
De día
De noche y día
No mía
Ana
anA
Amor
Amiga
Amor Ana
Ana amiga
Ana 
No mía

8 feb 2013

La reinserción social de un partido político, o asociación ilícita para delinquir.

Más, implicado en el robo al Estado del Reino de España, juzga al resto de los partidos políticos y sentencia una condena constitucional de Reinserción Social de su Partido Político y del Partido Político al que está asociado.

Luego se dice que el Sistema Penitenciario del Estado del Reino de España, no es creíble. No, no es creíble, a más.

Tío Vania y el Sistema Educativo.



Nos están destruyendo el Sistema Educativo Racional que tenemos; más bien que teníamos, pues quieren cambiarlo para el próximo curso.

Yo entiendo que el cambio está basado en la Ignorancia Mayúscula del Gobierno y en eAfán Desmedido de tener como Fin de la Vida el atesorar mediante el Robo y no mediante el Trabajo.

Leyendo la nueva estructura del Sistema que quieren imponer, se afea la conducta de los padres al no ayudar a sus hijos a "realizar los deberes en casa".

La mayoría de los padres no tienen educación para dar continuidad educativa.


Contínuamente se está publicando la poca lectura en nuestra Sociedad.


Al hablar de la lectura aprecio que entre leer y entender la lectura leída hay un largo trecho que en nuestro Sistema Educativo no se anda. 

La lectura de los textos actuales es la única que se hace y, de los mismos, poca y descriptiva no crítica. Lectura de textos no actuales, no se hace ninguna. Lectura de poesía y teatro no se puede hacer por ser necesaria la lectura crítica.


Hoy hago entrada a la obra de Antón Chejov que hacíamos  con 13 años.


A quién le guste leer en días fríos y brumosos como hoy. Y que gusté de hacerlo an familia, tomando cada uno de sus miembros el papel que guste en esta obra


Tío Vania
Antón Chejov

Escenas de la vida en el campo, en Cuatro Actos.

La acción tiene lugar en la hacienda de Serebriakov.

PERSONAJES:
Alexander Vladimnirovitch.
Serebriakov, profesor retirado.
Elena Andreevna, su mujer, 27 años.
Sofía Alexandrovna (Sonia), su hija de un primer matrimonio.
María Vasilievna Voinitzkaia, viuda de un consejero secreto y madre de la primera mujer del profesor.
Iván Petrovich Voinitzkii, su hijo.
Mijail lluovich Astrov, médico.
Ilia Ilich Teleguin, terrateniente arruinado.
Marina, vieja nodriza.
Un Mozo.


ACTO PRIMERO
La escena representa un jardín y parte de la fachada de la casa ante la que se extiende una terraza.

En la alameda, bajo un viejo tilo, está dispuesta la mesa del té. Sillas, bancos y, sobre uno de ellos, una guitarra. A corta distancia de la mesa, un columpio.

Son más de las dos de la tarde. El tiempo es sombrío.

ESCENA PRIMERA
Marina, viejecita tranquila, hace calceta sentada junto al “samovar”.
Astrov pasea a su lado por la escena.

Marina (sirviéndole un vaso de té). - Toma, padrecito.

Astrov (cogiendo con desgana el vaso).- Creo que no me apetece.

Marina.- Puede que quieras un poco de vodka.

Astrov.- No... No la bebo todos los días... El aire, además, es sofocante. (Pausa.) ¡Ama!... ¿Cuánto
tiempo hace ya que nos conocemos?

Marina (cavilando).- ¿Cuántos?... ¡Que Dios me dé memoria!... Verás ... Tú viniste aquí..., a esta región... ¿cuándo?... Vera Petrovna, la madre de Sonia nechka, estaba todavía en vida. Por aquel tiempo, antes de que muriera, viniste dos inviernos seguidos..., lo cual quiere decir que hará de esto unos once años. (Después de meditar unos momentos.) Y hasta puede que más.

Astrov.- ¿He cambiado mucho desde entonces?

Marina.- Mucho. Antes eras joven, guapo..., mientras que ahora has envejecido... ¿Y dónde se te ha ido la belleza? También hay que decir que bebes vodka.

Astrov.- Sí. En diez años me he vuelto otro hombre. Y ¿por Qué causa?... Porque trabajo demasiado, ama... No conozco el descanso, y hasta por la noche, bajo la manta, estoy siempre temiendo que vengan a llamarme para ir a ver a algún enfermo.

Desde que nos conocemos no he tenido un día libre, y así..., ¿quién no va a envejecer? Además, la vida de por sí es aburrida, tonta, sucia... Eso también influye mucho. A tu alrededor no ves; mas que gentes absurdas, y cuando llevas viviendo con ellas dos o tres años, tú mismo, poco a poco y sin darte cuenta, te vas volviendo también absurdo...

Es un destino inevitable. (Rizándose los largos bigotes.) ¡Qué bigotazo más enorme he echado! ¡Qué bigote más tonto! ¡Me he vuelto absurdo, ama!... Tonto todavía no me he vuelto. ¡Dios es misericordioso! Mis sesos están en su sitio; pero tengo, en cierto modo, atrofiado el sentimiento.

No deseo nada, no necesito de nadie y no quiero a nadie. Acaso sólo te quiero a ti.

(Le besa la cabeza.) Cuando era niño, tuve también un ama como tú.

Marina.- Puede que quieras comer algo.

Astrov.- No. En la tercera semana de Cuaresma, durante la epidemia, tuve que ir a Malitzkoe... Cuando el tifus exantemático... Allí, en las “isbas”, se morían las gentes como moscas... ¡Suciedad..., pestilencia..., humo..., terneros por el suelo, junto a los enfermos!... ¡Hasta cerdos había!... Yo no me senté en todo el día, ni probé bocado; pero, eso sí..., cuando llegué a casa, tampoco me dejaron descansar.

Me traían al guardagujas de la estación... Le tendí sobre la mesa para operarle, y se me murió bajo el cloroformo... Pues bien..., entonces..., cuando menos falta hacía, el sentimiento despertó dentro de mí. La conciencia me dolía como si le hubiera matado premeditadamente. Me senté, cerré los ojos..., así..., y pensé: aquellos que hayan de sucedernos dentro de bcien o doscientos años, y para los que ahora desbrozamos el camino..., ¿tendrán para nosotros una palabra buena?... ¡No la tendrán, ama!.

Marina.- La gente no la tendrá; pero Dios, sí.

Astrov.- Sí. Gracias... Has hablado muy bien.


ESCENA II
Entra Voinitzkii.

Voinnitzkii (ha salido de la casa con aspecto de haber estado durmiendo después del almuerzo y, sentándose en el
banco, endereza su corbata de petimetre).- Bueno... (Pausa.)

Bueno...

Astrov.- ¿Has dormido bien?.

Voinitzkii.- Muy bien, sí. (Bosteza.) Desde que viven aquí el profesor y su mujer..., mi vida se ha salido de su carril. No duermo a las horas en que sería propio hacerlo; en el almuerzo y la comida, como cosas que no me convienen; bebo vinos... ¡Nada de esto es sano!... Antes no disponía de un minuto libre. Sonia y yo trabajábamos mucho; pero ahora es ella sola la que trabaja, mientras yo duermo como, bebo... ¡No está bien, desde luego!.

Marina (moviendo la cabeza).- ¡Vaya orden de vida!... ¡El “samovar” esperando desde por la mañana temprano, y el profesor levantándose a las doce!...

Antes de venir ellos, comíamos, como todo el mundo, a poco de dar las doce; pero, con ellos, a las seis pasadas... Luego, por la noche, el profesor se pone a leer y a escribir, y, de repente..., a eso de las dos, un timbrazo ... “¿Qué se le ofrece, padrecito?”...

“¡El té!”... Y, por él, tiene una que despertar a la gente..., preparar el “samovar”... ¡Vaya orden de casa!.

Astrov.- ¿ Piensan quedarse mucho tiempo todavía?

Voinitzkii (silbando). - Cien años... El profesor ha decidido establecerse aquí.

Marina.- Pues ahora está pasando igual. El “samovar” lleva ya dos horas sobre la mesa, y ellos..., de paseo.

Voinitzkii.- Ahí vienen ya... Ya vienen, no te alteres.

ESCENA III
Se oyen primero voces y, después, surgiendo del fondo del jardín, entran en escena, de vuelta del paseo, Serebriakov, Elena Andreevna, Sonia y Teleguin.

Serebriakov.- ¡Magnífico! ¡Magnífico!...¡Las viejas son maravillosas!...

Teleguin.- ¡Maravillosas, excelencia!

Sonia.- Mañana iremos al campo forestal, papá. ¿Quieres?

Voinitzkii.- ¡Señores! ¡A tomar el té!

Serebriakov.- ¡Amigos míos! ¡Sean buenos y mándenme el té al despacho! ¡Hoy tengo todavía que hacer!

Sonia.- ¡Seguro que te gustará el campo forestal!

(Salen Elena Andreevna, Serebriakov y Sonia. Teleguin se acerca a la mesa y se sienta al lado de Marina.)

Voinitzkii.- ¡Con el calor que hace y este aire sofocante, nuestro gran sabio lleva abrigo, chanclos, paraguas y guantes!

Astrov.- Lo que quiere decir que se cuida.

Voinitzkii.- ¡Y Qué maravillosa es ella!...¡Qué maravillosa! ¡En toda mi vida no he visto una mujer más bonita!

Teleguin.- ¡María Timofeevna!... ¡Lo mismo cuando voy por el campo, que cuando me paseo por la fronda de este jardín, o miro a esta mesa..., experimento una inefable beatitud!... ¡El tiempo es maravilloso, los pajarillos cantan y la paz y la concordia reinan entre todos! ¿Qué más se puede desear?

(Aceptando un vaso de té.) Se lo agradezco con toda el alma.

Voinitzkii (soñando alto).- ¡Qué ojos! ¡Qué mujer maravillosa!

Astrov.- Cuéntame algo, Iván Petrovich.

Voinitzkii (en tono apático).- ¿Qué quieres que te cuente?...

Astrov.- ¿No ocurre nada nuevo?

¿dónde estás?.


Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de hacerlo. 

Pero al fin su corazón se transformó, - y una mañana, levantándose con la aurora, se colocó delante del sol y le habló así: «¡Tú gran astro!. ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!.

Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente te habrías hartado de tu luz y de este camino.

Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.

Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse con su locura, y los pobres, con su riqueza.

Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!.

Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso, como dicen los hombres a quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso una felicidad demasiado grande!.

¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando a todas partes el resplandor de tus delicias!.

¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.»

Así comenzó el ocaso de Zaratustra.

Friedrich Nietzsche 
Así habló Zaratustra 

7 feb 2013

La envidia del Individuo Humano de la Cultura.

En Tombuctú los creacionistas han destruido la Cultura, Los Huesos, la Historia.

En Madrid, los creacionistas están haciendo todo lo posible por destruir la Cultura, los Huesos, la Historia. 

El Partido Popular, creacionista, destruye los proyectos de investigación arqueológica, los proyectos racionalistas. Los Individuos Humanos tratan de robar la Cultura, la Historia de las Personas.

Centros sanitarios donde se cuida.

Cameron pide perdón por el mayor escándalo sanitario en el Reino Unido.

Entre 400 y 1200 personas murieron por negligencias "espantosas en cuatro años".

Un informe concluye que "el hospital de Sttaffordshire primó lo económico".

"El personal sanitario afronta sanciones penales por ocultar errores".

Se ha de velar por unos "centros sanitarios limpios y seguros, y en los que se cuide a los pacientes, no de meros espacios de gestión burocrática".

Creacionismo y Robo.

La ministra de Cultura de Alemania, Annette Schwan, tiene la "total confianza" de canciller Angela Merkel.

La ministra robó la Tesis Doctoral presentada en 1980 en la Universidad Heinrich  Heinn de Dusseldorf. Universidad que le ha retirado ahora tal grado al ser descubierto el robo.

La tesis doctoral robada y que presentó lleva por título "PERSONA Y CONCIENCIA".

Actualmente es catedrática emérita en Teología Católica de la Universidad Católica Libre de Berlín.

El robo, o despojo lo realizan los Individuos Humanos, todos creacionistas, por envidia del racionalismo de las Personas, todas racionales.

Los Individuos Humanos no son educables.