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2 jun 2014

Su Majestad el Rey Juan Carlos I, abdica.

El Rey abdica

Don Juan Carlos lo comunicará a la nación en las próximas horas

El País,2 Junio 2014

"Su majestad el Rey don Juan Carlos acaba de comunicarme su decisión de abdicar", ha comunicado Rajoy. "Espero que en un plazo muy breve, las Cortes españolas puedan proceder al nombramiento como Rey del que hoy es el Príncipe de Asturias", ha añadido el presidente.
Rajoy ha elogiado la labor de Don Juan Carlos como "un defensor infatigable de nuestros intereses" y ha transmitido que el proceso de abdicación se desarrollará "en un contexto de estabilidad institucional y como prueba de la madurez de nuestra democracia".

La niña de azul




Subí a la niña
y en mis brazos le hablo.
Dime niña ¿que te hago?.
Un pastelillo azul te hago.
Para hacerte mayor
Y traerte conmigo.

Para abrazarte
Con mis manos viejas
Ya dormido.


A Euclides, su madre y a Woëhler.

En el mes de Noviembre concebimos a Alejandra, antes de hacerse al Azul, mientras estuvo en el Amarillo, se le dio el nombre de Euclides. Entonces trabajaba las 



Arte, Matematicas. Un placer para nutrirnos.













A quienes gusten del Conocer, el Saber y el Arte, recomiendo esta lectura sobre Historia de las Matemáticas y, en particular, de la Obra de Alberto  para este Verano que dara comienzo cerca ya de mis dedos.


Alberto Durero
Historia de las Matemáticas
Amelia María Pellico

4.8.- MÁQUINAS
Construcción de un mecanismo para poder “copiar lo que se ve”:
Se monta un vidrio liso y limpio en un marco cuadrado y se hace un tablero cuyo ancho sea igual que el del marco. Se colocan dos bisagras de modo que el marco y el tablero se puedan abrir y cerrar como un tablero de juego, en el que, si se quiere, se pueda bajar el cristal sobre el tablero para guardarlo.

Se fijan a ambos lados del balero, en el centro, dos armellas pequeñas con unas varillas de hiero que se puedan recoger y que sean tan largas que llegaren hasta el marco del cristal. Se aplana el extremo delantero de las varillas y se hace un agujero en el que se pone un gancho que se mueva.
A continuación se fijan en el punto al que llegan los extremos aplanados de las varillas, dos armellas pequeñas, cuando que coloquen las varillas y se echen los ganchos, el marco debe quedar fijo Se hacen dos bloques de madera, uno de ellos más ancho que el tablero para que lo cubra en su totalidad y de tal modo que pueda moverse hacia delante y hacia atrás. A través de unos orificios se pasa un tornillo largo. El otro bloque debe ser de alto como la mitad del marco y se coloca de manera que se mueva a uno y otro lado en ángulo recto; con un tornillo se podrá mover con seguridad hacia el lado que se quiera.

A continuación se hace un agujero redondo en sentido longitudinal en medio de la madera vertical, y se recorta un poco uno se los lados. Se deben tallar unas muescas y con una vara torneada que ajuste en el agujero practicado, con un dentículo en su extremo inferior. Se pasa la vara por dicho agujero, de manera que el dentículo baje por el corte abierto en la madera vertical. Cada vez que se suba un grado la vara y se quiera sujetar, se pone un dentículo en una muesca.

En lo alto de la vara se hace una tablilla fina y adecuada con un agujero, de modo que se pueda mirar con un ojo. Lo que se vea por el, se registra con un pincel de vidriero en el cristal y se dibuja lo mismo en el soporte que se quiera pintar. Este mecanismo es útil para retratar a alguien.

1 jun 2014

Al azul preguntaste niña

Al nacer miraste al cielo
Y tus ojos se.llenaron
De cielo
De niña le preguntaste
...
El cielo te respondió
Si
Y aquí
Estoy
Yo
Dime niña
Dime
Dime
Que sí
Que la respuesta
Soy yo



Éxitos falsos




Éxitos falsos

Tras dos años de recortes, las supuestas victorias se han conseguido a costa de los más vulnerables

El País, J. Carmona Díaz-Vela 29 Mayo 2014 



Si recordamos qué ha pasado en la sanidad española en los últimos años, lo primero que nos viene a la mente es que hemos ido a peor. La verdad es que es fácil poner encima de la mesa los temas que ha puesto en marcha el actual Gobierno, algunos con “éxito”, dada la gran preocupación generada.
Según el informe de la OCDE sobre evolución del gasto en salud en los países miembros publicado en febrero de 2014, los recortes sanitarios en España se han producido en los productos farmacéuticos, en la prevención y en salud pública y en los costes de los servicios de salud a través de la disminución de los salarios y puestos de trabajo.
Aunque tenemos ya la sanidad pública más barata de nuestro entorno —eso sí, con un nivel de prestaciones y accesibilidad que ha sido hasta ahora el referente para muchos de los países europeos y americanos— parece que el camino trazado para ella es el de lanzarla cuesta abajo. Somos uno de los países que, según el último análisis del Gasto General de los Gobiernos recogido en el informe Eurostat —la oficina estadística europea—, ha destinado a gastar en salud, protección social (incluido el desempleo), educación o vivienda un porcentaje menor que la media europea. Sin embargo, el gobierno español presupuesta por encima de esa media en Orden Público y Seguridad o para Asuntos Económicos (un 7,7% del PIB frente al 4,1% general). Es decir, es la voluntad política de quien gobierna la que decide cuáles son las prioridades y cómo se gestionan. Como plantea Martin Mckee, experto en salud pública y colaborador de la OMS, “no se debería hacer recortes en temas esenciales”. “La austeridad es una decisión política, no una necesidad”, concluye.

Una cosa es el turismo sanitario y otra bien distinta son los inmigrantes sin papeles
Pero la realidad es que se nos han presentado como “éxitos” los recortes en derechos y oportunidades en salud, así como ciertas iniciativas para romper el Sistema Nacional de Salud (SNS). El Ministerio de Sanidad ha conseguido crear un sistema menos equitativo y más insolidario, alejándonos más de ese principio de Universalidad del que tan orgulloso se sentía este país. El Gobierno español ha recortado, a través de la aplicación del Real Decreto 16/2012, el derecho a la atención sanitaria pública a los emigrantes (denunciado, entre otros, por el informe Médicos del Mundo o, a título personal, por el cardiólogo salmantino Máximo Diego), a españoles en paro en el extranjero y a españoles que contribuyen con sus impuestos. Situación general que el Consejo de Europa critica duramente a través de un informe de su comisario de Derechos Humanos, Nils Muiznieks, y delinforme de Desigualdades en Salud de los países de la UE, realizado por Michael Marmot. Los recortes presupuestarios, se dice en esos informes, “han repercutido en la disponibilidad, el acceso y la calidad de los servicios sanitarios”, mientras sus responsables llaman la atención sobre “un deshacer lo andado hasta ahora en la sanidad española”. Bajo el argumento de los altos costes que genera el “turismo sanitario”, se esconde la exclusión mayoritaria de la asistencia sanitaria pública a los inmigrantes indocumentados, replica la ministra Ana Mato al primero de los citados informes. Y lo hace recurriendo a algo tan extraño como lo de ser “equitativos y solidarios”, cuando los hechos son tan diferentes. Porque una cosa es el turismo sanitario y otra bien distinta son los inmigrantes sin papeles.
Junto a lo anterior, la intención del Gobierno de disminuir los gastos “insostenibles” del SNS mediante la aplicación de distintos copagos, puede que sí haya tenido algún éxito, pero ha sido a costa de sablear a los jubilados y a los que menos tienen, sobre todo.
Del total de los 5.500 millones de euros que pregona el Ministerio haber conseguido ahorrar hasta ahora, cerca de un 37% se debe a la reducción del gasto en farmacia. Gracias a la estrategia positiva del SNS se ha logrado reducir la prescripción de medicamentos por los profesionales en un 14.7% interanual; y, como ya queda dicho, otro buen pellizco de ese ahorro se ha conseguido gracias al dinero pagado por los pensionistas y ciudadanos de menores ingresos, aumentando con ello el gasto privado de la Sanidad y la menor contribución pública.
Mas no se crea que estas medidas de ahorro se han realizado de acuerdo a criterios de necesidad del paciente, económica o sanitaria, o para reducir el gasto público de verdad, no. Más bien, las medidas han respondido a estrategias pensadas para atacar allí donde hubiese una menor resistencia, aunque el resultado haya sido insostenible para la salud de muchos pacientes (¡eso es responsabilidad de ellos!). Los que puedan pagarse las medicinas de su bolsillos que se las paguen, independiente de que paguen sus impuestos o sean jubilados. Y el que no…. ¡A la beneficencia, si la hay! Otros copagos (farmacia hospitalaria, transporte sanitario, etcétera) siguen pendientes del calendario electoral. ¡Y ahora no es el momento de insistir en ellos!

Las medidas han respondido a estrategias pensadas para atacarallí donde hubiese una menor resistencia
La otra parte importante del ahorro se debe a una reducción drástica de personal en el SNS (42% del ahorro publicado). Este segundo éxito del Gobierno ha tenido que ver más con la capacidad persuasiva del Ministerio de Hacienda que con la influencia estratégica de la ministra de Sanidad. Las consecuencias son claras: disminución de la capacidad resolutiva del SNS, aumento notable de listas de espera, y enrevesamiento de una política de recursos humanos, cada vez más diferenciada y absurda, entre los distintos servicios de salud del Estado. La guinda a tal éxito la pone el propio país, España, al pasar a ser el primero de la OCDE que más profesionales forma y exporta a los países de su entorno.
Este principio de romper la equidad sanitaria entre los españoles gracias a los grandes capitales, que ven en ella un buen negocio, y sus representantes políticos, pone bien a las claras el argumento de considerar la Salud, y por tanto la Sanidad, como un bien de consumo y no como un derecho del ciudadano. Si la salud es un bien de consumo, su uso depende de la capacidad adquisitiva del individuo y de las reglas del mercado que se generen. La salud se convierte de este modo en negocio a cambio de finiquitar el sistema universal y gratuito.
Un ejemplo claro y explícito de esta estrategia ha sido el intento del Gobierno regional de Madrid de privatizar 6 hospitales y 27 centros de salud para los próximos 30 años. Hipotecar, política y económicamente, el futuro de esos centros sanitarios no tiene más argumento que el de la aceptación de las reglas que dicta el mercado; ese neoliberalismo (salvaje, lo llaman algunos) que ahora gobierna la economía y la política. Afortunadamente, gracias al empuje de una “marea blanca” y a la confluencia de la mayoría de la gente en un objetivo, el Gobierno madrileño no se ha salido con la suya. Y lo mismo le ocurrió al gobierno de Castilla-La Mancha, que tuvo que dar marcha atrás en su intento de suprimir parcialmente las urgencias rurales.
Sin duda el SNS tiene aspectos que mejorar. En algunas comunidades autónomas en las que no gobierna el PP estas mejoras están siendo evidentes, o al menos se están paliando los estragos de la crisis. En todo caso, lo que ha de estar claro es que las limitaciones presupuestarias marcadas por Madrid no justifican determinadas políticas. Por supuesto que con los recursos disponibles se puede avanzar; todo depende hacia dónde se canalice el dinero. Se puede avanzar, por ejemplo, en mejorar la organización sanitaria y la gestión de los servicios o incorporando las mejores prácticas clínicas. Se puede avanzar en trasparencia y en hacer más eficiente el sistema. Y todo esto lo saben de sobra los profesionales del sector y los ciudadanos que participan en su sistema sanitario.
Los Gobiernos de aquellas comunidades que no gestionan los populares deberían asumir, en primer lugar, el compromiso de garantizar que el Sistema Sanitario Público será capaz de avanzar y de resolver esas incertidumbres que tiene ahora mismo el ciudadano español. La tarea de todos es garantizar la eficiencia y la sostenibilidad del sistema sanitario público como principio de ética y equidad social.
Joaquín Carmona Díaz-Velarde es médico y exdirector General de Asistencia Sanitaria del Servicio Andaluz de Salud

UKIP y Nigel Farage






Nigel Farage o el populismo británico

El líder del partido UKIP ha encontrado en la fobia a la inmigración la piedra filosofal para convertirse en la fuerza más votada en las elecciones europeas

El País, Walter Oppenheimer, 1-6-14

  • Farage en una conferencia de prensa, el 28 de abril en Portsmouth, Inglaterra. / Adrian Dennis (AFP)
    A sus 50 años recién cumplidos, Nigel Farage está en el cielo político y la cuestión es si ya ha tocado techo o aún tiene margen para seguir escalando. En puridad, no es nadie en la política británica porque ni siquiera está en los Comunes. Peor aún: es diputado del Parlamento Europeo, una institución que muchos británicos desprecian y él desmantelaría si pudiera.
    Pero, ¿por qué, si es técnicamente un don nadie, es el político del año en Reino Unido? Porque su partido protesta, el Partido para la Independencia de Reino Unido (UKIP), ha puesto patas arriba la política británica al ganar las elecciones europeas y poner en ridículo a los tres grandes partidos.
    Y porque es muy popular, además de populista. Este hombre-orquesta, que sostiene al UKIP pinta en mano y sonrisa de oreja a oreja, ha encontrado en la fobia a la inmigración la piedra filosofal para derrotar por primera vez a conservadores y laboristas en unas elecciones nacionales desde 1910.
    Su secreto es parecer un hombre normal, aunque está muy lejos de serlo. Lo que más le acerca a la normalidad es que sigue viviendo en el pueblo donde nació, Downe (Kent), 30 kilómetros al sureste de Londres, pero a todo un mundo de distancia; que hace más de 30 años que es parroquiano de su pub local, el George & Dragon; y que no tiene pelos en la lengua. Eso último le convierte en un político fuera de lo común. Como es poco común entre los políticos presumir de que le encanta beber y fumar “porque solo se vive una vez”.

    Es un hombre lleno de contradicciones, un antieuropeo que ama Francia y está casado con una alemana
    Es un hombre lleno de contradicciones, un antieuropeo que ama Francia y está casado con una alemana; un capitalista acérrimo que cree en el mercado global pero quiere mantener a toda costa los modos de vida de la Inglaterra provinciana; un conservador que defiende la legalización de las drogas y la prostitución (aunque detesta las dos cosas) pero se opone al matrimonio gay (aunque quizás no les deteste).
    Y debe tener un ángel de la guarda porque ha esquivado la muerte varias veces. Pudo morir a los 21 años, cuando le atropelló un coche estando tan borracho que tuvieron que dejarle sedado varias horas antes de operarle para que bajara el nivel de alcohol; o del cáncer de testículo que padeció siendo aún joven; o cuando capotó la avioneta en que viajaba en 2010. Es también políticamente incombustible. Nada parece afectarle. Ni que una chica lituana le contara a un tabloide una noche loca de sexo muy vicioso con él, ni que le pillaran en un club de striptease en Francia. O ignorar qué políticas defiende la web de su propio partido (“hace siglos que no la veo”). O proclamar su admiración por el presidente ruso, Vladímir Putin, por su habilidad para engañar a los europeos en Siria y Ucrania.

    MÁS INFORMACIÓN

    • El auge de los populistas presagia una nueva era política en Reino Unido
    Europa, o mejor dicho, la UE, tiene la culpa de casi todo. Y llega incluso a lo personal. El presidente del Consejo Europeo, el belga Herman Van Rompuy, tiene pinta de “botones de medio pelo” y Angela Merkel “es increíblemente fría”. Sobre todo en privado.
    Él no puede ser más cachondo. Hasta sus rivales aceptan que es un hombre divertido, el alma de cualquier grupo. Lo era ya en el Dulwich College, su elitista escuela del sur de Londres. Y lo era también en el London Metal Exchange, el mercado de metales y minerales en el que Farage se metió nada más acabar la secundaria, despreciando la posibilidad de ir a la universidad y siguiendo el camino de bróker de su padre, que les había abandonado a él y a su madre cuando el pequeño Nigel tenía cinco años y del que heredaría el gusto por la bebida y el talento para la bolsa. A los 21 años, Farage ya ganaba 200.000 libras al año, equivalentes hoy a unos 700.000 euros.
    “Bebe y fuma demasiado”, le ha confesado al Daily Telegraph su esposa, Kirsten, una antigua bróker alemana con la que se casó en segundas nupcias en 1999 y a la que emplea como su secretaria con dinero del Parlamento Europeo. Eso le ha valido acusaciones de hipocresía y de doble rasero. Por emplear a un familiar al tiempo que denuncia las corruptelas de la clase política, del establishment. Y por emplear a una extranjera mientras acusa a los inmigrantes, y en especial los de la UE, de dejar sin trabajo a los británicos.

    Se le atribuyen frases como: "No tenemos que preocuparnos por el voto de los niggers"
    Es esa tendencia a moverse entre dos aguas, a predicar mucho y practicar poco, lo que hace pensar a algunos que el actual terremoto político tiene fecha de caducidad. El UKIP sigue siendo un partido de un político (Farage), dos políticas (Inmigración y Unión Europea) y muchas dudas. “Parece un hombre muy amigable, abierto y jovial, pero entre bastidores es muy inseguro”, advierte un antiguo colaborador suyo, Richard North, con el que acabó muy mal.
    “El partido que yo fundé se ha convertido en un monstruo de Frankenstein”, asegura estos días en The Guardian el hombre que en 1993 creó el UKIP en su despacho de la London School of Economics. Alan Sked, profesor de Historia Internacional que dirigió el partido hasta 1997, recuerda: “Cuando yo era líder no queríamos estar en el Parlamento Europeo para no darle legitimidad. Ahora, el UKIP dice que los estafadores del Estado de bienestar vienen de Europa del Este pero ellos son los primeros estafadores. No hacen nada en el Parlamento Europeo y se quedan el dinero”.
    Sked ha reiterado lo que ya dijo en 2005: que Farage y la gente que hay ahora en el UKIP son racistas. En 1997, cuando discutían el perfil de los candidatos que necesitaban, “Farage quería gente que había estado en el Frente Nacional y yo le dije que no lo tenía muy claro, y me dijo: ‘No tenemos que preocuparnos por el voto de los niggers [término despectivo para los negros]. Los nig-nogs [expresión también despectiva para referirse a los negros] nunca votarán por nosotros”.
    Farage siempre ha desmentido que dijera eso y asegura que no ha usado la palabra “nigger” desde que tenía 15 años. Pero cuando hace poco dijo que no le gustaría tener a 10 rumanos como vecinos, volvieron las acusaciones de racismo. Hay algo que no cuadra en el UKIP.