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1 mar 2015

Sobre "competencias digitales, o digitales" de los jóvenes para su incorporación al "mercado laboral"

Famoso Diálogo del que pega patadas a la lata, mecachis en diez.

Nicolás 
Quiero hacer una "tesis doctoral"

AugustonPérez.
¿Qué problema tienes?. 

Nicolás.
Ninguno.

Augusto Pérez
No tienes tesis doctoral.

Nicolás emitió sonidos guturales y mirando al suelo golpeó el suelo.

Nicolás
¿Cómo que no tengo?

Augusto Pérez
Ese es el único problema que tienes, que no tienes problema.

Los nombrados "jóvenes" no tienen que tener competencias digitales y, menos aún, competencias para ser útiles, o utilizados por el mercado laboral. El mercado laboral no tiene competencias digitales y, menos sún, competencias para ser útiles, o utilizables por los "jóvenes".

La edad de una persona no define su competencia ni tampoco determina el alcanzarlas.

La edad de un individuo humano no persona define sus competencias y determina el alcanzarlas.

La educación no es privativa de la edad en la persona. La educación es privativa de la edad en el individuo humano no persona.

A una rata se le educa en comer un grano al presionar una palanca si le produce daño. Y, se le educa en no comer un grano al presionar una palanca si no le produce daño. Si, y es una rata. Y, una rata aprende de las demás si a las demás la respuesta es la contraria de la dada por la palanca a ella. 

Las personas razonan, los individuos no personas creen.



FRANCISCO RUIZ ANTÓN \ DIRECTOR DE POLÍTICAS PÚBLICAS DE GOOGLE ESPAÑA Y PORTUGAL



“Los jóvenes no tienen las competencias digitales que está demanda el mercado laboral”

Este experto afirma que hay un centener de profesiones relacionadas con la tecnología en las que se necesita formar a más alumnos

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Francisco Ruiz Anton, director de Politicas Publicas y Relaciones Institucionales de Google España y Portugal en la sede de la compañía de Madrid. / ULY MARTÍN

Francisco Ruiz Antón tiene muchos datos en la cabeza. Las cifras que reflejan el porqué de la transformación que está produciendo la tecnología en todos los sectores. “En estos momentos hay 2.800 millones de personas conectadas a Internet en el mundo, nunca en la historia semejante volumen de personas han estado conectadas de manera instantánea como lo están ahora y tampoco ha habido nunca tantos centros de conocimiento interconectados. Hay 1.300 millones de usuarios de Facebook y se suben 300 horas de vídeo a Youtube por minuto. La posibilidad que se tiene de acceder al conocimiento desde cualquier sitio con un dispositivo es una maravilla”.

El director de Políticas Públicas y Relaciones Institucionales deGoogle España y Portugal ha participado en la XXIX Semana de la Educación de la Fundación Santillana, que concluyó ayer en Madrid. También intervinieron en la última jornada el director del Centro para la Investigación e Innovación de la OCDE, Dirk Van Damme; el experto en el sistema educativo sueco Jan Hylén, y el presidente delConsejo Escolar del Estado, Francisco López Rupérez.

Pregunta. ¿Cree que puede llegar a tener el campo de la formación digital un impacto económico notable?

Respuesta. Sí. De hecho, un informe que encargamos a Boston Consulting Group revela que el impacto de Internet en la economía española es de 26.600 millones de euros, el 2,7% del PIB. Y este estudio destaca cuatro palancas en España: infraestructuras, internacionalización de las empresas, impulso del comercio electrónico y precisamente educación y formación digital. La revolución tecnológica está transformando muchísimos sectores económicos, como el del entretenimiento, la música, el consumo… Y todo esto tiene un impacto económico, pero ya no podemos decir que hay una economía tradicional y otra digital, toda la economía se está transformando en digital.

La UE ha advertido de que hasta 2020 habrá 900.000 puestos de trabajo vinculados al ámbito de la economía digital que no se podrán cubrir"

P. ¿Se detectan en el mercado carencias en la formación digital de los jóvenes?

R. Los jóvenes no tienen las competencias digitales que está demandando el mercado laboral. La UE ha advertido que de ahora a 2020 habrá 900.000 puestos de trabajo vinculados al ámbito de la economía digital que no se podrán cubrir porque no hay profesionales con las habilidades necesarias para hacerlo. Esto es un drama si tenemos en cuenta las cifras de desempleo juvenil en España, del 55%.

P. ¿Cuáles son esos perfiles que no puede cubrir el mercado?

En los cinco MOOC que hemos hecho sobre las formaciones más demandadas relacionadas con la tecnología se han registrado ya 200.00 jóvenes"

R. Nosotros hicimos un análisis con diversas fuentes y nos han salido cien perfiles de lo más variado. De esos, escogimos cuatro que nos parecían los más destacables. Elmarketing digital, por ejemplo, es, sin duda, lo más demandado. También la analítica de datos, el comercio electrónico, la productividad en la nube y el desarrollo de aplicaciones para móviles.

P. Ustedes montaron el proyecto Actívate para dar formación de este tipo, ¿hay jóvenes interesados en estos nuevos campos?

R. Muchísimos. Hemos montado Actívate solo en España con la idea precisamente de ofrecer formación en estos campos, pero también les enseñamos cómo pueden encontrar ofertas de empleo y cómo ser emprendedores. Es para jóvenes desempleados y tiene una parteonline y otra offline. Esta segunda es para titulados porque hemos llegado a un acuerdo con 21 universidades públicas situadas en 25 ciudades españolas y en cada centro educativo hemos dado 40 horas de formación a egresados. Lanzamos así un curso sobre marketingdigital en marzo de 2014 y ya han pasado por él 30.000 jóvenes. Y en la parte online hicimos el mismo curso en forma de MOOC (un curso masivo y abierto de formación online) y pusimos en marcha tres más: de analítica de datos, es decir, para aprender a gestionar los datos que recogen las empresas; de comercio electrónico y de productividad en la nube. Después realizamos otro de desarrollo de aplicaciones para móvil. En estos cinco MOOC hemos tenido 152.000 registrados, que sumados a los 30.000 del primer curso son una gran cantidad de jóvenes formados. Y hoy por hoy son más de 200.000 los inscritos.

P. ¿Cuántos han concluido los cursos y han recibido un título que lo acredite?

El presidente de la Universidad de Stanford ya advertía a las universidades hace dos años de que o se preparaban para esta nueva situación o las iban a barrer del mapa"

R. Hemos dado ya 35.000 certificaciones por haber completado los cursos online.

P. Google ha elegido España además para montar Campus Madrid. ¿Cómo será?

R. Campus Madrid es uno de los seis campus que va a crear Google en el mundo. Será un lugar en el que los jóvenes españoles podrán desarrollar sus iniciativas en un espacio de trabajo en común, con tareas coordinadas por mentores, etcétera. Lo inauguramos el próximo junio.

Programadores e ingenieros informáticos son profesiones muy demandadas"

P. ¿Cree que los MOOCS pueden suponer el principio de otra forma de aprendizaje?

R. Los MOOCS son solo un ejemplo de por dónde va a ir la educación superior del futuro para que cada estudiante se cree su currículo y escoja los profesores que quiera de la universidad que más le guste del mundo. No lo digo yo, lo dijo el presidente de la Universidad de Stanford, John Hennessy, ya hace dos años. Aseguraba que está habiendo un tsunami en el mundo de la educación, planteaba que los MOOCS pueden ser una revolución y advertía a las universidades que o se preparaban para esta nueva situación o las iban a barrer del mapa.

P. Pero en la actualidad las iniciativas en las que se usa de una manera sistemática la tecnología en la educación no dejan de ser experiencias dispersas, en un lado u otro del mundo; pero el modelo global no ha cambiado, la forma de enseñar.

R. La revolución que las tecnologías han provocado en determinados sectores aún no se ha completado en el mundo educativo, que no es una empresa, pero no deja de ser otro sector de actividad. Yo creo que el modelo va a cambiar mucho más de lo que imaginamos ahora.

P. ¿En qué otros campos ven ustedes desde su empresa que se necesitan más profesionales?

R. Sin duda, en la programación. Programadores e ingenieros informáticos son profesiones muy demandadas y, en cambio, ha habido empresas en España que se han tenido que traer a estos profesionales de otros países. Hay que fomentar en los niños desde pequeños el interés por la programación, sobre todo en las mujeres. Hay muy pocas que se dediquen a las áreas tecnológicas. Nosotros, en Google, hemos comprometido 40 millones de dólares (35, de euros) a nivel global en desarrollar proyectos para fomentar que las niñas a partir de los 12 años tengan interés por la programación.

P. ¿Por qué, en concreto, para la programación?

R. Porque hay un desequilibrio brutal en este campo entre hombres y mujeres y porque hay una bolsa de empleo enorme. Aquí, en la sede de Google de Madrid, hicimos un taller muy básico con niños para que aprendieran lo que es programar y el resultado fue increíble, se fueron pensando que lo que habían hecho era un juego. Se encuentran comodísimos en ese entorno, tienen una increíble intuición para entender esos códigos y hacer algo con ellos. Es algo que hay que impulsar claramente.

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El amor tiene fronteras.

El amor atraviesa fronteras.

La luz no es indiferente al amor, por lo cual se inclina cuando pasa cerca del Sol.

¡Vaya!, dice Carmen, no entiendo nada, como siempre. Que tonterías dice se contesta.

La luz contonea sus caderas al pasar ante el deseado Sol.

Que sí. Si quieres ver sus caderas moverse proporcionalmente a h, vete al Kilimanjaro.

La oscuridad de "lo digital". El negro es el sumidero de la luz.

La transferencia de datos a un soporte digital no hace posible hacer uso de los mismos de modo diferente. Es decir, básicamente los datos se encuentran almacenados en los documentos que encontrándose en soporte de papel. Hay pocos documentos archivados y, muchísimos menos datos archivados.

En este artículo se presupone que "hay datos y que estos están archivados". Y la realidad es que hay documentos y que estos están almacenados.

Y,  por ello, no es que será inaccesible, sino que no es accesible. Y no lo es por error de concepto, o ignorancia.

Es de interés acceder a la obra de la politóloga Garrete Hardin "La tragedia de los comunes" para poder entender el "hecho del almacén común de datos no definido en su uso". Esto ha hecho que el uso del común en soporte digital ha supuesto mucho gasto y muy poca inversión, haciendo posible que su uso no es el de acceso a información de modo pertinente, sino que, básicamente, se está haciendo uso como entretenimiento. Se ha de recordar que esta autora ha publicado su obra en los años 60 del siglo pasado.

Pondré el ejemplo que la autora utiliza: Cuando un conjunto de individuos actúan interesadamente y racionalmente como tales, y no de modo colaborativo, destruyen el recurso común utilizado. Y lo destruyen sin querer destruirlo. Este fenómeno es conocido como "la tragedia de los comunes"

Este fenómeno se puede observar entre hermanos cohabitando en la misma casa junto a sus padres. Observando el trabajo en el "negocio" dejado en herencia por sus padres. Se observa con los útiles quirúrgicos de los denominados "equipos" médicos.

Respecto a este hecho, Barry Schwartz, estudioso de la relación entre psicología y economía, anota lo que sigue:

¿Cómo escapar del dilema en el que muchos individuos actuando racionalmente en su propio interés pueden en última instancia destruir un recurso compartido y limitado, incluso cuando es evidente que esto no beneficia a nadie a largo plazo? [...] Nos enfrentamos ahora a la tragedia de los comunes globales. Hay una Tierra, una atmósfera, una fuente de agua y seis mil millones de personas compartiéndolas. Deficientemente. Los ricos están sobreconsumiendo y los pobres esperan impacientes a unírseles.

Probablemente este último hecho sea el motivo de la relación que pretender tener con Podemos el resto de los partidos políticos.










¿Hacia una era digital oscura?

Buena parte de la información generada en esta era será inaccesible para las generaciones futuras por el deterioro de los datos, la obsolescencia tecnológica o las leyes del 'copyright'

El País, Miguel Ángel Criado, 27-02-15





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Una cantidad creciente de la vida de las personas se desarrolla en la red y se guarda en enormes centros de datos como este de Google. / GOOGLEEn las pocas décadas que la humanidad lleva inmersa en la era digital ha creado datos como para llenar la memoria de tantos iPad que, apilados, casi llegarían a la Luna. El ritmo de creación de información es tal que, según un estudio de la corporación EMC y la consultora IDC, se dobla cada dos años. Para antes de que acabe la década, habrá 44 zettabytes de datos (un ZB es igual a un billón de gigabytes) y el montón de tabletas habrá ido y vuelto al satélite más de tres veces. Lo paradójico es que buena parte de esa información se perderá para las generaciones futuras.
El vicepresidente de Google y uno de los padres de internet, Vinton Cerf, alertaba en una conferencia de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia hace unos días del peligro de que lo creado por esta generación no deje apenas rastro. En la creencia de su eternidad, el homo digitalis ya no imprimen fotos, las guarda en formato digital, no escribe cartas, sino que envía email, no almacena discos, sube las canciones a la nube. Una creciente parte de su vida se desarrolla en la red: juega en línea, publica selfies en Facebook y comparte sus pasiones en tuits. Pero lo digital no es tan eterno.
El deterioro de los soportes donde se almacena la información, la desaparición de los programas para interpretarla o las limitaciones impuestas por el copyright harán que, para los humanos del futuro, sea inaccesible. De hecho, ni siquiera habrá que esperar a que los arqueólogos del futuro descubran que, como decía Cerf al Financial Times, los comienzos del siglo XXI son "un agujero negro de información". Los primeros efectos de lo que los anglosajones llaman era digital oscura ya se están notando.
El caso de los disquetes ejemplifica el problema planteado por el vicepresidente de Google en toda su complejidad. Fueron el sistema de almacenamiento básico en los años 80. En ellos cabían tanto las fotos familiares como el trabajo hecho para la clase o los documentos del trabajo. La mayor parte de toda esa información ya se ha perdido. Y si aún queda algún disquete, es cuando empiezan de verdad los problemas: Habrá que encontrar una disquetera que lo lea, rezar para que los datos no se hayan corrompido por el paso del tiempo para que, probablemente, descubrir que el programa para abrir el archivo hace años que no existe.

Los disquetes de los 80 ejemplifican la complejidad y los riesgos reales de la pérdida de información
"Conservo viejos disquetes de 3,5 pulgadas que alojan archivos de texto escritos con un programa que ya no existe y que funcionaba con un Macintosh de 1986", dice el consultor tecnológico Terry Kuny. Este archivista digital canadiense fue el primero en hablar de este tiempo como una posible edad digital oscura hace ya casi 20 años. "¿Qué opciones tengo de que yo, o cualquiera, pueda acceder a esos datos hoy? Incluso si consigo una vieja disquetera, conseguir el sistema operativo y los programas no sería nada fácil en la actualidad. Y si uno no está para decirle a quien lo intente qué hay en esos discos y en qué formato está, el problema ya sería enorme", añade.
En 1997, cuando la actual era digital apenas comenzaba, cuando los ordenadores personales solo estaban al alcance los más pudientes e internet era para una casta, cuando aún no existía Google y muchos menos Facebook o Twitter, y Microsoft dominaba el mundo con su Windows 95, Kuny, entonces asesor de la Biblioteca Nacional de Canadá dio una conferencia para la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas. Su título era premonitorio: ¿Una era digital oscura? Retos para la conservación de la información electrónica. La visión de Kuny, como la actual de Cerf, está más vigente que nunca.
"No creo que exista un riesgo de que la información de nuestro tiempo vaya a quedar inaccesible, creo que es una certeza. Ya está pasando, cada día, en todo tipo de organización, para todas las clases de datos", afirma Kuny. De hecho, cree que todo lo relacionado con la conservación digital está yendo a peor.  "Hay mucha más información nacida digital que antes y apenas hay unas pocas instituciones públicas o privadas que estén activamente implicadas en lidiar con este problema".

Enemigos de la memoria digital

El primer reto tiene que ver con la física. Cualquiera con una edad que haya intentado ver la cinta VHS con el vídeo de su boda sabe del deterioro de los soportes donde se almacenan los datos. La grabación magnética de la información ha sido la dominante en las primeras décadas de la era digital. Aún hoy, los discos duros guardan los datos jugando con la polaridad de las partículas y, por esas cosas del magnetismo, los datos acaban por perderse.
Si le pasó a la NASA, ¿por qué no iba a pasar con el vídeo de la boda? La agencia espacial estadounidense vio como buena parte de las imágenes tomadas por las sondas de la Misión Viking enviadas a Marte en los años 70 eran irrecuperables. Aunque la NASA transfirió los datos desde las cintas magnéticas originales a soportes ópticos, hasta el 20% del material no se pudo recuperar.

Solo en 2014 la industria ha cerrado los servidores para jugar en línea a 65 juegos
El caso de las sondas Viking ilustra otro de los peligros de que este tiempo se convierta en una edad digital oscura. El 80% de la información enviada desde Marte se pudo salvar, pero se guardó en un formato y con unos programas que ya no existen. Solo hace un par de años, una empresa canadiense pudo volver a extraer las imágenes. Hay formatos que parecen que van a durar toda la vida y después de ella. Es el caso de las imágenes guardadas en formato JPEG o la música en mp3. Pero ¿y si aparece un nuevo formato mejor y los anteriores caen en desuso?
Y es que confiar la preservación de los datos a la buena fe de las compañías que los crean tiene sus peligros. Como denunció el mes pasado la Fundación Fronteras Electrónicas (EFF, por sus siglas en inglés) gigantes de los juegos como Electronic Arts cierran los servidores para jugar en línea con sus títulos en apenas un año y medio si el juego no ha tenido el éxito que esperaban. Solo en 2014, la industria abandonó 65 juegos. Pero, al mismo tiempo, las leyes de copyright impiden que los jugadores mantengan sus propios servidores.
Pero el mayor riesgo de que la información de este tiempo desaparezca en el futuro está en internet. Como muestra el estudio de IDC sobre el universo digital de 2014, la mayor parte de los datos son alojados en la red. Desde los millones de selfies hasta cada minuto de vídeo subido a YouTube, pasando por los comentarios en Facebook, cada vez más, la mayor parte de la vida de una persona se encuentra en algún servidor de alguna empresa y no ya en su álbum familiar de fotografías.

El 20% de los mensajes en Twitter ya han desaparecido
Se supone que ni Google ni Facebook van a cerrar mañana. Incluso cuando cierran algún servicio, como hizo el buscador con Wave, dan un tiempo razonable para que sus usuarios se descarguen todo lo que allí tenían. Google, por ejemplo, cuenta con Takeout, un sencillo sistema para hacer una copia de todos los datos creados y alojados en sus servicios. Pero no siempre es así.
A comienzos de la década pasada, había una red social mucho más importante y conocida que Facebook. Se llamaba Friendster y en su mejor momento llegó a tener 100 millones de usuarios. Sin embargo, errores propios y la popularidad de otras alternativas, hicieron que Friendster se hundiera y, con ella, todas las historias, conversaciones, amores y momentos que compartieron sus usuarios. Hoy, la empresa languidece como plataforma de juegos en el sudeste asiático.
"Tuvimos mucha suerte de que Internet Archive reaccionara a tiempo y capturara una copia de toda la información pública en Friendster justo antes de que la desactivaran", comenta el experto en redes sociales de la de la Escuela Técnica Federal de Zúrich (ETH), el español David García. La relevancia que tienen las redes sociales en la vida de hoy, las ha convertido para los científicos sociales en herramientas fundamentales para estudiar las sociedades humanas. Solo esa copia ha servido a García y otros investigadores estudiarfenómenos sociales que afectan a la privacidad, por ejemplo.
Uno de esos investigadores sociales es Alan Mislove, de la Universidad Northeastern (EE UU). Mislove ha estudiado a fondo Twitter. En un artículo publicado el año pasado, comprobó que casi el 20% de los tuits publicados en esta red social se habían esfumado. "Es difícil proyectar que pasará con los tuits perdidos en el futuro", aclara. Para Mislove, "los datos de sitios como Twitter y Facebook ofrecen a los investigadores una capacidad sin precedentes para estudiar la sociedad a una escala y granularidad que simplemente eran imposibles antes".

Luces contra la edad digital oscura

Si existen tantos riesgos, ¿qué se está haciendo para afrontarlos? Las soluciones son tanto tecnológicas como organizativas y hasta legislativas. Lo más urgente parece ser el problema de la longevidad de los datos, cómo conservarlos para los que vengan después.
Las tecnologías de almacenamiento no han variado mucho en todo este tiempo. O se graba la información en soportes magnéticos o, con la ayuda del láser, en discos ópticos. Aunque pudiera parecer que el DVD o el Blu-ray son las mejores alternativas, el futuro seguirá siendo magnético.


En IBM Research, Mark Lantz y su equipo trabajan en cintas magnéticas para la preservación de los datos a largo plazo. / IBM
"La primavera pasada, IBM y FUJIFILM lograron una densidad de almacenamiento sobre cinta de 85,9 gigabytes por pulgada cuadrada lo que permitiría una capacidad de 154 terabytes [un terabyte son 1.000 gigabytes] en un cartucho que cabe en la palma de la mano. Eso es el texto de 154 millones de libros", recuerda el responsable de tecnologías avanzadas de cinta deIBM Research, Mark Lantz.
Quizá por eso de que IBM es la única empresa tecnológica con más de un siglo de vida, saben de la importancia de la preservación de los datos. Para Lantz, la cinta magnética no está muerta ni muchos menos. "En nuestro laboratorio de Zúrich estamos trabajando sobre una tecnología de cinta para la preservación de los datos a largo plazo", asegura. Con el mantenimiento y conservación adecuados, la grabación en soportes magnéticos mantiene la información intacta durante décadas.
Otra cuestión es la de poder reproducirlos con el paso del tiempo. Ese es el mayor temor que expresó Vinton Cerf en su conferencia. Sin las herramientas adecuadas que den contexto a los datos, aunque se conservaran, estos serían ilegibles. Cerf mencionó como solución un proyecto en el que también participa IBM. El gigante informático, junto a la universidad Carnegie Mellon tiene en marcha el proyecto Olive. Su objetivo es crear una especie de imágenes que incluyan todo, los datos del archivo, el programa con el que se creó y hasta el código. Por medio de máquinas virtuales, el contenido se podría ejecutar en cualquier sistema que apareciera en el futuro.
A iniciativas como esta ayudaría lo que está pidiendo la EFF a las autoridades de EE UU: que en la legislación sobre copyright se incluya una excepción que obligue a las empresas que crearon un programa o un juego a liberar su código cuando lo abandonen o, al menos, permitir su obtención mediante ingeniería inversa.

"Todos nosotros debemos convertirnos en nuestros propios bibliotecarios", dice el archivista digital Terry Kuny 
Pero el mayor reto es conservar toda la información acumulada en algo tan grande y dinámico como es la web. Internet Archive es el mayor intento que hay para conservar la memoria de la red. Los robots de esta organización rastrean periódicamente la web haciendo copias de las páginas que encuentra y las van guardando. Así, si alguna página desaparece, siempre habrá la posibilidad de recordar como fue.
En España, la Biblioteca Nacional ha venido haciendo lo mismo con la ayuda de Internet Archive desde hace años. Pero el año pasado fue el primero que, con su propio robot, empezaron a escanear la red española. Ya han copiado 140 terabytes entre recursos, páginas web, blogs... Sin embargo, La BNE está a la espera de la aprobación de un reglamento sobre el depósito legal de publicaciones electrónicas que le permita conservar todo lo que la tecnología permita de la internet en español.
Pero evitar que esta sea una edad digital oscura es cosa de cada uno. "Todos nosotros debemos convertirnos en nuestros propios bibliotecarios. Cada uno deber ser el responsable de su vida digital. No podremos salvarlo todo y las cosas que decidamos salvar, deberemos hacerlo con cuidado", alerta Terry Kuny, el mismo que ya lo hacía hace 20 años, mucho antes que Vinton Cerf.

Warren Buffett tiene un problema de salud: obesidad.


La gran vulnerabilidad, como indica el propio Warren Buffett en la carta, está en el tamaño. Eso, como explica, le obliga a realizar compras cada vez más grandes para mantener el crecimiento y evitar una desbandada de sus fieles.

Cuando aumenta la población se reducen los alimentos llegando a reducirse la población por la ausencia de alimentos (Malthus).

Cuando aumentan los alimentos y, en respuesta, aumenta la población se llega a reducir la población por la destrucción de los alimentos consecuencia de no poderlos consumir (hoy estamos en destrucción de la población, o crisis). En definitiva, por el comportamiento nombrado como usura.

La obesidad mata, destruye la población, no sólo del individuo.




Warren Buffett gana por goleada a Wall Street

La firma del ‘Oráculo de Omaha’ cumple 50 años con una rentabilidad 67 veces mayor que el índice bursátil de referencia en Estados Unidos S&P


El País, Sandro Pozzi Nueva York 28-02-15

Warren Buffett en una conferencia en noviembre de 2014 /NATI HARMIK (AP)

Hace medio siglo que Warren Buffett empezó a escribir sus cartas a los accionistas de Berkshire Hathaway. Con el paso de los años, se han convertido en una Biblia para los inversores de Wall Street. Solo hay que fijarse en el rendimiento de la compañía para entenderlo. Los activos que controla se han apreciado un 751.113% desde 1965. En este tiempo el S&P 500, el índice que agrupa a las grandes empresas cotizadas de Estados Unidos, lo ha hecho un 11.196%. Es como ganar un partido de fútbol 67 a 1.
En la que ha sido la misiva de las Bodas de Oro, la número 50, Buffett, de 84 años, ha aprovechado para hablar del pasado, presente y futuro de la compañía que fundó en Omaha (Nebraska), tras comprar una firma textil en apuros. Ahora es una compañía de inversión muy diversificada, con acciones de Coca-Cola, American Express, IBM, Procter & Gamble, Wrigley, Heinz, Duracell, Geico, Wells Fargo y NetJets.
Mirando a los próximos 50 años, Buffett admite ante sus fieles inversores que “la mala noticia” es que será imposible replicar el rendimiento de las pasadas cinco décadas. “Los números son demasiado grandes”, añade, aunque se muestra convencido de que Berkshire seguirá superando a cualquier firma de inversión en EE UU.

El inversor millonario, de 84 años, sigue sin querer revelar quién será su sucesor
La desaceleración del rendimiento es algo que se ve desde hace unos años, hasta el punto de que Berkshire crece ahora menos que el S&P 500. El pasado ejercicio, por ejemplo, sus activos se apreciaron un 8,3% frente al 13,7% del índice. La gran vulnerabilidad, como indica el propio Warren Buffett en la carta, está en el tamaño. Eso, como explica, le obliga a realizar compras cada vez más grandes para mantener el crecimiento y evitar una desbandada de sus fieles. Y, sin embargo, este no es el único desafío. Probablemente, el mayor reto sea ahora quién será su sucesor y si logrará sostener los resultados.
El medio siglo de Berkshire Hathaway se celebra con una incógnita aún sin resolver. ¿Quién tomará el relevo de Buffett, el llamado Oráculo de Omaha, cuando decida retirarse? El elegido para llevar las riendas del conglomerado está identificado desde hace tres años, como ya anunció en la carta que dirige a los accionistas en marzo de 2012. Pero el magnate se sigue sin revelar su nombre. Lo único que deja claro es que emergerá en el seno de la firma.
Dentro del conglomerado despuntan dos nombres, aunque hay siete aspirantes. Uno es Todd Combs. Empezó a trabajar para Berkshire en 2011. Antes llevó un fondo especulativo con 400 millones en activos. El otro potencial aspirante es Ted Weschler. Pagó 5,3 millones de dólares en dos subastas benéficas para almorzar con el oráculo de Omaha. Como Buffett, es un inversor de largo recorrido. También hay una protegida, Tracy Britt Cool. La contrató en 2009, cuando tenía 25 años y Warren Buffett dice que piensa como él. Su hijo Howard Buffett, designado ya como el guardián de los valores del imperio, también está en lista. Y la cierran Ajit Jain, responsable del negocio de seguros, Matt Rose, de la ferroviaria BNSF, y Greg Abel, que controla los activos de 

¡Que difícil es vivir con los hijos!

Lejos del árbol
Andrew Solomon

Me ha costado, emocionalmente, leer este libro. Me ha costado mucho leerlo por mi "cultura".
Esta nota sobre el mismo, me ayudó a leerlo y, sobre todo, me ayudó a leerlo con menos lágrimas que la primera vez que lo hice.



DWIGHT GARNER | 13/06/2014 |  Edición impresa

Andrew Solomon

Hay un viejo dicho, que yo consideraba básicamente cierto, que dice que uno solo es tan feliz como el menos feliz de sus hijos. Andrew Solomon no menciona esta observación en su complejo, voluminoso y valiente último libro Lejos del árbol: Historias de padres e hijos que han aprendido a quererse, pero cuestiona su premisa. La zarandea hasta que nuestras ideas acerca de lo que es la felicidad y la normalidad ceden, se dispersan y se reordenan radicalmente. 

El libro de Solomon trata de un tipo de diversidad desgarradora. Nos presenta a familias que se enfrentan a la sordera, el enanismo, el síndrome de Down, el autismo, la esquizofrenia y, en ocasiones, a múltiples discapacidades extremas. Escribe sobre víctimas de violaciones que se han quedado con sus hijos, sobre progenitores de criminales y sobre hijos transexuales. Da testimonio de un brillante enigma: cómo muchas de estas familias “han llegado a dar las gracias por experiencias que habrían hecho cualquier cosa por evitar”.

Es difícil resumir el vasto contenido de Lejos del árbol. De hecho, el autor ha necesitado cerca de 1.000 páginas para presentar sus ideas. Ha entrevistado a más de 300 familias. Ha embutido en un solo libro lo que podrían haber sido 10 o 12. En ocasiones su tortuoso volumen puso a prueba mi paciencia, pero mi respeto por él rara vez vaciló. A Solomon se le conoce por ser el autor de El demonio de la depresión, que obtuvo el Premio Nacional del Libro en 2001. Se refiere a su propia identidad, en función de esa obra, como “un historiador de la tristeza”. Es homosexual, además de una persona adinerada y bien relacionada. Su padre es consejero delegado de la empresa farmacéutica Forest Laboratories. 

Estos detalles biográficos son significativos por algunas razones. La experiencia de Solomon como niño homosexual (y disléxico) inspira y propulsa Lejos del árbol. Su experiencia en la alta sociedad ha influido en el tipo de familias que ha elegido para retratar. Si bien algunos de los progenitores de su libro pertenecen a la clase media-baja (una de las familias vive en una caravana), y aunque viajó a Ruanda para entrevistar a víctimas de violaciones, predominan las personas que han triunfado como marchantes de arte, diseñadores de perfumes, novelistas, directores de ópera, ejecutivos del mundo de la música, antiguas bailarinas, o físicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Su trabajo es un “Quién es quién” de la tragedia y la transformación. 


"La deformidad ha sido introducida en los pliegues de la belleza como catalizador"

El primer capítulo, titulado El hijo, es el texto más magistral con el que me he cruzado este año. Combina la historia del autor con una tensa y elegante sinopsis de la argumentación de su libro. Su lectura es imprescindible. “Nuestros hijos no son nosotros”, proclama Solomon en la primera página. “Son portadores de genes atávicos y de rasgos recesivos y, desde el mismo momento del nacimiento, están sujetos a estímulos ambientales que escapan a nuestro control”. Decidirnos a tener un hijo“nos catapulta repentinamente a una relación permanente con un extraño”. Y esa es la buena noticia. 

A veces esos extraños son más peculiares y difíciles de lo que nadie podría haber previsto. A la carga de cuidar de ellos se añaden la repulsa y la recriminación sociales, que pueden tener efectos aniquiladores y causar un profundo aislamiento. El autor no idealiza estas situaciones, si bien sostiene que de ellas se puede derivar un intenso significado. “Las dificultades enriquecen la vida”, sentencia. “El amor se agudiza cuando requiere esfuerzo”. 

Lejos del árbol es en parte una defensa de las ventajas que se pueden encontrar en la diversidad extrema. Por ejemplo, cuando habla de los atletas con discapacidades, en unas líneas que resuenan a lo largo de todo el libro dice que “la gracia en alguna de sus formas no habría penetrado en el mundo si las caderas y las piernas de todos funcionasen de la misma manera. La deformidad ha sido introducida en los pliegues de la belleza; más que un agravio a la justicia, es un catalizador”. Solomon se teme, como algunos de sus protagonistas, que algo de esta salvaje diversidad pueda estar al borde de desaparecer de nuestro planeta.Los implantes de cóclea están reduciendo el número de personas sordas, un asunto complejo para aquellas de entre ellas que valoran el lenguaje de signos como una forma de expresión. 

Muchas veces se interrumpe el embarazo cuando se descubre que el feto tiene síndrome de Down. Si aprendemos a hacer pruebas de autismo o de homosexualidad, entre otras cosas, ¿se impedirá también que nazcan esos niños? ¿No habrá más Temple Grandin en nuestro mundo? Solomon cita a un experto que se pregunta: “Si eliminásemos la capacidad de alguien de llegar a ser autista, ¿estaríamos eliminando también aquello que nos hace interesantes como seres humanos?”. El autor cita a Leon Botsein, que defiende una idea similar de esta manera: “Si hoy día se enviase a Beethoven a una guardería, le pondrían un tratamiento y sería un empleado de correos”. 

A Solomon le obsesiona esa línea difusa en la que la patología y la identidad se funden la una con la otra. “Vivimos en una época xenófoba”, escribe. Detecta una “crisis de empatía”. Su libro es un retrato sobrio y sin embargo optimista de lo que él denomina “el amor que atraviesa fronteras”. 

Izquierda: 
La prosa de Solomon es seca y epigramática
En su mayor parte, Lejos del árbol está formado por retratos de familias en situaciones extremas. Muchas harán que al lector se le caigan las lágrimas ante la resiliencia que tantas despliegan ante la adversidad. “Casi lo anegaba con las lágrimas que vertía por él”, dice una madre de su hijo con síndrome de Down. Se trata de una frase típica. Este es un libro que lanza una flecha tras otra al corazón. En él, no obstante, no hay nada sensiblero. La prosa de Solomon es seca y epigramática. Casi en cada página hay una observación tan impactante como esta: “Proponer que los anoréxicos simplemente están explorando una identidad es moralmente tan laxo como aceptar la creencia de los gánsteres de que simplemente están persiguiendo una identidad que resulta que conlleva el asesinato”. 

Se puede pensar que la idea de someter a tu hijo enano a una dolorosa cirugía de alargamiento de las extremidades es una forma de tortura innecesaria. Y puede que lo sea. Pero Solomon cita las palabras de un padre refiriéndose a los brazos demasiado cortos de su hija enana: “¿Se te ocurre algo más importante que poder limpiarte tú mismo?”. 

Entre las revelaciones determinantes y en gran medida originales de este libro es posible escudriñar las profundas características que estos grupos tienen en común. Los progenitores de los niños que se encuentren en una de esas categorías sin duda aprenderán muchísimo de los padres que conocerán en otros capítulos. Lejos del árbol termina con una revelación personal de Solomon que no voy a desvelar, pero que cierra el círculo de este importante y absorbente libro. Refiriéndose a muchas de sus inesperadamente felices historias, así como a la suya propia, el autor dice que “al final, resulta que el camino menos transitado conduce prácticamente al mismo lugar”. Ese lugar es la felicidad de la humanidad.