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2 feb 2014

Te abraza Quiella

Día 02/02/2014 - 01.57h

La editorial Impedimenta recupera «Querido Diego, te abraza Quiela», donde la premio Cervantes recreó la enfermiza relación del pintor mexicano con su primera mujer, Angelina Beloff

A mediados de los años 70, Elena Poniatowska (París, 1932) recibió el encargo de escribir el prólogo de dos libros de la novelista Lupe Marín, considerada por todo el mundo la primera mujer del pintor mexicanoDiego Rivera. Mientras se documentaba, Poniatowska descubrió «La fabulosa vida de Diego Rivera», biografía del muralista escrita porBertram Wolfe.
En ella, la escritora mexicana advirtió la presencia fascinante deAngelina Beloff, pintora exiliada rusa que, de hecho, fue la primera esposa de Diego Rivera y madre de su único hijo, Dieguito. El personaje atrapó a Poniatowska, que decidió escribir «Querido Diego, te abraza Quiela», un pequeño libro en el que recrea la enfermiza relación de Rivera y Beloff.
Cuando Poniatowska destapó al verdadero Diego Rivera
IMPEDIMENTA
Cubierta de «Querido Diego, te abraza Quiela»
Publicada en México en 1978, la editorial Impedimenta recupera ahora en una nueva edición esta novela de la premio Cervantes 2013, considerada parte de su canon esencial y una de las obras más queridas por la escritora mexicana, que en abril visitará nuestro país para recibir el galardón más importante de las letras hispanas.
«Querido Diego, te abraza Quiela» se publicó en España hace casi 30 años, pero pasó desapercibido. En México, en cambio, fue un auténtico escándalo a finales de lo 70, pues Poniatowska se «atrevió» a desenmascarar al verdadero Diego Rivera, en aquel momento héroe de la progresía y de la intelectualidad izquierdista. «Este libro le retrata como un monstruo sin alma», explica el editor Enrique Redel.

Una novela femenina

La «novelita» está formada por doce cartas (todas inventadas por Poniatowska salvo la última, publicada originalmente en el mencionado libro de Bertram Wolfe) que Angelina Beloff envió a Diego Riveraentre 1921 y 1922. Ella se encontraba en París, donde el pintor la había dejado abandonada tras más de diez años de convivencia y un hijo en común para regresar a México, donde conocería a Lupe Marín y a Frida Kahlo.
Como explica Redel, «las cartas abarcan nueve meses, lo cual es bastante simbólico, porque son los nueve meses de gestación de algo». «Es una novela femenina por los cuatro costados. El personaje tiene mucho de Poniatowska, sobre todo desde la perspectiva de ese extrañamiento propio del exiliado. Es como meterse en las entrañas de una mujer».
Esa mujer retratada por la premio Cervantes está ciega de amor. La pasión que siente hacia Diego Rivera, quien eclipsó su obra y amargó su vida (Beloff era una artista de talento, pero la estela del muralista era demasiado ancha), determina cada instante de su vida diaria, aún más solitaria y triste por la pérdida de su hijo Dieguito cuando solo tenía 14 meses. «Siento que también yo podría borrarme con facilidad», le escribe el 19 de octubre. En esa misma carta se despide preocupada por la salud de su todavía marido y se disculpa por su flaqueza emocional: «Sé fuerte como lo has sido y perdona la debilidad de tu mujer».

Recuerdo del hijo perdido

El recuerdo del hijo perdido es casi tan intenso como la melancolía por la ausencia de Rivera en su vida. «Imaginaba yo a Dieguito asoleándose, a Dieguito sobre tus piernas, a Dieguito frente al mar», le cuenta el 7 de noviembre. «Te amo, Diego, ahora mismo siento un dolor casi insoportable en el pecho. En la calle, así me ha sucedido, me golpea tu recuerdo y ya no puedo caminar y algo me duele tanto que tengo que recargarme contra la pared», escribe con pesar y abatimiento. Una semana después y aún sin respuesta de Rivera (nunca contestaría a ninguna de las cartas), Quiela se confiesa desesperada: «Hoy como nunca te extraño y te deseo, Diego, tu gran corpachón llenaba todo el estudio».
Pero Beloff aún tiene espacio en su corazón ebrio de amor para ciertos reproches hacia el papel de padre que Rivera nunca quiso ejercer. «El niño cuya cabeza antes se perdía entre las sábanas llegó a ser todo cabeza y a ti te horrorizaba ese cráneo inflado como un globo a punto de estallar. No podías verlo, no querías verlo», le dice. «Siempre quise tener otro, tú fuiste el que me lo negaste (...). Me duele mucho, Diego, que te hayas negado a darme un hijo». A finales de diciembre la desesperación se convierte en disimulado rencor: «Sé que tú no piensas ya en Dieguito; cortaste sanamente, la rama reverdece, tu mundo es otro, y mi mundo es el de mi hijo».

Quiela y la pintura

La vida continúa sin Diego (ni Dieguito) y Quiela trata de recuperar el pulso a su oficio, rodeada de amigos como Juan Gris, Picasso o María Blanchard (gracias a ella conoció a Rivera, en un viaje a Bruselas en 1909) en el parisino barrio de Montparnasse. Reconoce entonces que «estaba como drogada, ocupabas todos mis pensamientos, tenía un miedo espantoso de defraudarte», pero ahora ha perdido «también mi posibilidad creadora; ya no sé pintar, ya no quiero pintar». Y le pide, desesperada, que sea por fin sincero con ella: «¿Me quieres, Diego? Es doloroso, sí, pero indispensable saberlo». El silencio es toda su respuesta. Las cartas continúan hasta el 22 de julio de 1922, día en el que está fechada la única misiva auténtica del libro. La posdata lo dice todo: «¿Qué opinas de mis grabados?».
En 1932, Angelina Beloff logra viajar a México, donde se estableció (su amor hacia Diego Rivera y su condición de expatriada hacían que se sintiera mexicana de alma y corazón) hasta su muerte a los 90 años, en 1969. Como explica Poniatowska en una nota al final del libro, Quiela «no buscó a Diego, no quería molestarlo». Un día se encontraron casualmente en un concierto en el Bellas Artes. Diego pasó junto a ella, pero no la reconoció. No es extraño, por tanto que, como explica Redel, estemos ante «uno de los libros preferidos de Elena, de los que siempre la acompañan, en el que habla de manera más íntima».

19 DE OCTUBRE DE 1921

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Pies insensibles, enfermedad de Andrade.

La enfermedad de los pies insensibles

DÍA 01/02/2014 - 03.47H

Los nuevos tratamientos abren opciones para los que sufren la enfermedad de Andrade, una patología desconocida que, entre otros problemas, hace perder la sensibilidad de los pies

La enfermedad de los pies insensibles
Sonia Gutiérrez
La llaman la «enfermedad de los pies insensibles», porque uno de sus síntomas más llamativos es que los pacientes pierden la sensibilidad en las extremidades, de manera que no notarían ni una hoguera encendida a sus pies. Técnicamente, la enfermedad de Andrade se denomina polineuropatía amiloidótica familiar (PAF) por transtiretina que se traduce en una enfermedad rara que afecta al sistema nervioso por una mutación de una proteína que el hígado del enfermo genera. Afecta sobre todo a adultos a partir de los 30 años. Los principales focos de la enfermedad se localizan en Portugal, Suecia y Japón. En España, existen casos diseminados por todo el país. Sin embargo, la prevalencia es mayor en Mallorca, quinto foco mundial de la patología, y en la localidad de Valverde del Camino (Huelva). En una enfermedad genética como esta, la concentración geográfica es frecuente.
Es irreversible, progresiva y mortal. Sus primeros síntomas son parestesia, dolor o lesiones tróficas de los pies, trastornos gastrointestinales y pérdida de peso. En fases más avanzadas, la pérdida sensitiva más pronunciada implica dolor y variaciones de la sensación térmica. En estadíos graves, se produce una pérdida motora completa. La esperanza de vida es de 10 años desde la aparición de los primeros síntomas.
«Yo era portadora del gen y lo sabía desde los 18 años. Mi abuela falleció de Andrade y mi madre es portadora, aunque no la ha desarrollado. A los 22 empecé a tener síntomas, pero, por desconocimiento, no me la diagnosticaron hasta un año después», señala Sonia Gutiérrez, presidenta de la Asociación Balear de la Enfermedad de Andrade (ABEA). Esta situación, que causó a Sonia mucho sufrimiento innecesario, ya que no paraba de perder peso y no entendía que le pasaba, es más común de lo deseado en los afectados. Los expertos señalan que el infradiagnóstico es un problema importante, ya que la enfermedad de Andrade suele ser clínicamente indiferenciable de otras neuropatías periféricas.
«En mi caso lo achacaban a estrés psicológico por el trabajo, decían que eso estaba causando mi brutal pérdida de peso y la falta de apetito y de fuerzas pero yo pensaba: ¿Cómo va a ser psicológico?, cuenta Sonia.
Los afectados de Andrade hasta ahora solo tenían la alternativa de someterse a un trasplante «dominó»: en el que reciben un hígado mientras el suyo -válido para otros pacientes- lo dona a otro enfermo. En el caso de Sonia todo fue estupendamente, y ahí comenzó su recuperación. «Confié en mis médicos, en el hospital y en nuestro sistema de trasplantes, que es excelente», señala. Su nuevo hígado le permitió recuperar el apetito, el peso perdido y la energía necesaria para volver a coger las riendas de su vida. De ahí a hacerse cargo de la presidencia de la asociación de afectados de Baleares pasó muy poco tiempo.
Aunque hace relativamente poco que Sonia comenzó su recuperación, reconoce que hoy por hoy el abordaje de la enfermedad ha mejorado mucho: «Los médicos y hospitales de Mallorca ya tienen un protocolo específico de Andrade y, desde el pasado diciembre, los pacientes disponen de la primera terapia farmacológica aprobada en España para frenar los síntomas». Es un estabilizador específico de la proteína causante de la desestabilización (TTR) destinado a prevenir la formación de las proteínas defectuosas y los depósitos de amiloide que producen la neurodegeneración y el deterioro de la función neurológica. «Hemos pasado de ver cómo nuestros abuelos morían de esta enfermedad degenerativa, a nuestra generación del trasplante y ahora la nueva con un tratamiento farmacológico. Esto supone un cambio radical, supondrá mucho menos impacto físico y psicológico», destaca Sonia.
La enfermedad de los pies insensibles
José
«No sabía nada»
José no tenía antecedentes familiares, pese a vivir en otro de los focos activos de la enfermedad: Valverde del Camino (Huelva). Le diagnosticaron en septiembre de 2002, con 29 años, aunque los primeros síntomas habían aparecido dos años antes. De hecho, el diagnóstico llegó cuando Andrade ya le había causado tal deterioro que estaba de baja laboral. «En mi caso fue horrible porque no conocía absolutamente nada acerca de esta enfermedad y tanto yo como mi familia estábamos muy asustados. Degenerativa, sin cura, mortal,… eran las palabras que oíamos más a menudo de los médicos, incluso uno llegó a decirme que lo más urgente era que acudiera a salud mental porque la depresión era muy habitual y por lo otro nada podía hacer…», afirma José.
«Todo ese tiempo fue un calvario porque nadie sabía lo que tenía e iba empeorando de manera rápida. Aparecían síntomas nuevos y los médicos no sabían que hacer. Mi manera de vivir tuvo cambios: pasé de trabajar a estar de baja y de ahí a quedarme sin trabajo, y todo ello con un empeoramiento físico y psicológico. Me iba limitando poco a poco y siempre sin saber que me ocurría», recuerda.
José se deprimió y mucho, pero fundamentalmente por el desconocimiento por parte de los especialistas que le trataron, que no supieron darle ninguna esperanza. La primera vez que le hablaron del trasplante se agarró a ello con todas sus fuerzas. «Me ilusioné y luché, y afortunadamente todo salió bien». Le trasplantaron en el Hospital de Bellvitge, ya que en Andalucía no existía ningún protocolo para la enfermedad. «Actualmente tengo varias secuelas que me limitan en algunas cosas pero soy feliz, positivo y pienso que llegaran otros tratamientos para evitar el trasplante en un futuro». Tratamientos que ya son una realidad.

La enfermedad en datos

1 feb 2014

¡Te vas a morir!

¿Se ha de decir a la Persona que se va a morir?

Nunca se ha de decir. Nunca la Persona muere, nunca.

El decirlo sólo tiene un propósito egoísta: para que se despida.

El que muere carnalmente, no muere en el espíritu de los demás.

El Individuo Humano que se comunica, o Persona, vive eternamente en los demás.

El Individuo Humano que no se comunica, no tiene vida más allá que la carnal suya.

El Individuo Humano que no se comunica, aquel que no es Persona, es aquel que le dice al que tiene cerca su muerte carnal que se va a morir en corto tiempo, que va a dejar de estar con los demás. Es aquel ser humano proto personal, perteneciente a las tres subespecies no comunicativas. Aquel que vive como Individuo y no como Colectivo Comunicativo.


El Evangelio de Juan habla de la despedida de Jesús a sus discípulos y lo hace compartiendo los alimentos, la Vida, comiendo, en la llamada Última Cena.
Jesús habla del fin de su vida carnal y con ella la llegada del Espíritu Santo, del Verbo, de la Palabra Transmitida. Habla de como la Persona vive entre los Suyos.

La Memoria es la Vida Hablada, Transmitida del que ha muerto carnalmente.

Aquellos que niegan el HACER MEMORIA DE LOS SUYOS, no son PERSONAS, sino protopersonas.

Aquellos que OBLIGAN A DESPEDIRSE, no son Personas, sino protopersonas por no tener PALABRA CON LOS DE SU SUBESPECIE HUMANA.

Si la Persona No Se Marcha, no puede Despedirse.

Decirle a la Persona que se va a morir, es un contrasentido. La Persona, por su naturaleza comunicativa, por tener la Palabra como epidermis, no muere.

Si no muere, no vive, si no nace. La Persona es un Concepto, es concebida por sus padres, por la Luz Verde resultante de la intersección del Amarillo con el Azul Elegido de entre aquellos Azules Pretendientes.

Un Verde, un Hijo, no puede decir a su Amarillo y Azul que se van a morir. Si mueren los Padres, el Hijo no tiene sentido.

La génesis de Españs

La génesis de España 
Miquel Porta PortalesABC Cultural, 01-02-14

¿España como Estado sin nación o comunidad imaginada?.Es la idea que desmonta el volumen "Historia de la nación y del nacionalismo español".Contra los prejuicios, la verdad.

La expresión "Estado español" va sustituyendo gradualmente a "España" o "nación española". Francia, Alemania, Italia y el Estado español, ¡como si en España no hubiera ciudadanos sino funcionarios! La nación española siempre encuentra quien la cuestione. ...

Ese recomendable leer la obra que comenta el autor y hacerlo en familia.es una obra de biblioteca.
Historia de la nación y del nacionalismo español.
Galaxia-Gutenberg, 2013

Yo amaba no se que ...

Shelley, 1821
“Yo amaba no se qué…, en los vientos y los árboles y las corrientes; en todas las cosas más simples, en la música y en los dulces acentos inconscientes de los animales y en esas voces que son humanas y que tienden a expresar algún sentimiento que les sea propio; en los suaves movimientos y extraña sonrisa de una mujer, en las flores y en las hojas, en la hierba fresca abierta y que muere en el otoño…”.

Motivos de muerte en España.

Radiografía de la mortalidad

Los fallecimientos suben por segundo año consecutivo en España

El envejecimiento se perfila claramente como la primera causa

El empobrecimiento también perjudica la salud

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El año 2010 puede convertirse en un punto de inflexión del sistema sanitario español. Al menos, eso parece si se mide la sanidad del país por su indicador más definitivo: los fallecimientos. O, por buscar una medida estadísticamente mejor, por el cambio en la tendencia de la tasa de mortalidad, que se mide como el número de defunciones por cada 100.000 habitantes. Los datos que acaba de hacer públicos el Instituto Nacional de Estadística son claros. Entre 2002 y 2010, el número total de defunciones en el país se mantuvo alrededor de 380.000. Como en ese tiempo la población pasó de 41,8 a 47 millones, según los datos del padrón, eso hizo que la tasa de mortalidad pasara de 892 por 100.000 habitantes en 2002 a 829 en 2010. Pero, ahí, la tendencia a la baja se trunca. En 2011, subió a 841. Y en 2012, llegó a 862. Este año, último con datos, se superó el número de las 400.000 muertes en un año. Fueron exactamente 402.950. Una subida del 5,4% en dos años.
Que a más población haya más fallecimientos podría parecer lógico. Pero no es lo que pasó —siempre en líneas generales, porque las variaciones van en este asunto haciendo dientes de sierra— durante la década que va de 2001 a 2011. La proyección de los datos muestra que en ese periodo las mejorías en la atención sanitaria habían conseguido romper esa asociación entre edad y muerte. Hasta que, de repente, esa tendencia se ha roto. Sin que haya una explicación exterior clara (ni una epidemia, ni una ola de calor, ni una gripe especialmente preocupante).
“Que hay un cambio es claro. Eso no es una opinión, son datos”, afirma convencido el presidente de la Sociedad Española de Epidemiología, Fernando García Benavides. “Lo que hay que saber son las causas y ver lo que dura”.
Si ver los datos es relativamente sencillo (el grueso lo ofrece el INE a partir de los registros civiles y de lo que ponen los médicos en los certificados de defunción, por lo que tarda más de un año en dar los resultados), darle una explicación no es una tarea tan fácil.
El número de defunciones supera por primera vez las 400.000 al año
La primera explicación de Ildefonso Hernández, ex director general de Salud Pública y miembro de laSociedad Española de Epidemiología, es que esto se debe al paulatino y creciente envejecimiento de la población. Los españoles viven más de media, pero desde el comienzo de la crisis el cambio de la pirámide poblacional se ha acentuado por la salida de extranjeros, un grupo de población más joven y que suele tener más niños. “Para tener las respuestas exactas al aumento de los últimos años habría que tener las tasas corregidas por edad”, indica Hernández. En un primer análisis, el epidemiólogo afirma que los datos “nos han de preocupar”. Cuando se desgranan más los números y se bucea en el detalle, “se ve que la mortalidad infantil sigue bajando, y eso es bueno. Pero, en cambio, la esperanza de vida disminuye en casi todas las comunidades para las mujeres. Eso solo pasó, también de forma muy leve, en 2005, pero hay que estudiarlo”, dice Hernández.
“Con el envejecimiento actual va a ser muy difícil que sigamos aumentando la esperanza de vida como hacíamos hasta ahora”, añade José Ramón González-Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), en referencia a que hay límites difíciles de superar, aunque países como Japón lo hayan conseguido.
El empeoramiento de los datos de mortalidad alrededor de 2010 es prácticamente general. Solo en las muertes por enfermedad mental (un concepto poco numeroso, ya que lo que sucede con estas personas es que fallecen por otras causas) la variación empezó antes, en 2006. Y el cambio de tendencia alrededor de 2010 se ve claro en el gráfico adjunto. Y en otros ofrecidos por el INE.
La esperanza de vida se atasca
e incluso baja un poco en mujeres
El instituto, por ejemplo, destacaba ayer en su nota de prensa el aumento de fallecimientos por enfermedades respiratorias: un 17% en tasa desde 2010 a 2012. “Siempre son de las que más crecen”, dice José Miguel Rodríguez González-Moro, responsable de Relaciones Institucionales de la Sociedad española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). Para él, las causas están claras: “Todavía sufrimos las secuelas de la epidemia de tabaquismo de hace 20 años, con tasas de fumadores del 40%. Ahora, con el 28% decidimos que estamos muy bien, pero sigue siendo muchísimo”, afirma. “Si en cardiología dejar de fumar parece que se nota enseguida, los cánceres y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) aparecen hasta 20 años después de dejar de fumar”, dice.
Además, el neumólogo no puede restar importancia a la edad de los pacientes. “Las neumonías son la puerta de las infecciones, porque llegan por donde se respira, y eso lo hacemos todos. Cuando ocurren en personas con otras complicaciones, la situación se agrava”, afirma.
Eso no explica el cambio de tendencia que se produce a partir de 2010. “Parece pronto para hablar del efecto de los recortes o de la crisis, pero habrá que estar atentos y estudiarlo”, afirma el representante de Separ.
Lo que parece claro por los datos es que ese cambio se da en casi todos los grupos de enfermedades. Y el hecho de que suceda en todas casi a la vez indica que algo ha pasado para que la tendencia de descenso se haya roto.
Con una rápida revisión de los datos, y centrándose solo en la mortalidad general y en la atribuida a las enfermedades respiratorias, que son “de las que más suben”, García Benavides cree que “es pronto para establecer hipótesis”. “Desde luego, el envejecimiento está ahí”, apunta, y “es posible que en muchos de los cánceres se haya llegado a un punto en que no aumenta la supervivencia”, dice. “Habrá que esperar para ver qué pasa”.
En neumología aún se sufre la secuela de la epidemia de tabaquismo
Curiosamente, de las principales causas de mortalidad, la que menos parece haber notado el cambio es la primera de ellas: las enfermedades del sistema circulatorio. Juanatey es tajante: “Si en los últimos 30 años los españoles han ganado seis años de vida, cuatro se deben a los avances en las enfermedades cardiovasculares [una categoría que no encaja exactamente con las del INE]”. Según los últimos estudios de la SEC, las muertes por enfermedades cardiovasculares cayeron un 0,2%. “Eso quiere decir que el sistema público de salud todavía les está ofreciendo medicina de calidad. Teniendo en cuenta que, además, hay más pacientes, los datos son buenos, aunque haya bajado el ritmo de mejora de la supervivencia. Los estamos tratando mejor”, dice Juanatey.
El INE, en el apartado de enfermedades del sistema circulatorio registra un repunte en la mortalidad para 2012 del 3% frente al 2011, pero con los cálculos de la SEC la situación aún no es tan grave. “Todavía no nos pasa como en Grecia, donde los infartos aumentaron un 30% en dos años. La mortalidad también aumentó, igual que en Portugal e Irlanda. Pasó en Islandia también”, afirma.
¿Y los recortes? ¿No hay un efecto de la pérdida de presupuestos en la salud de los pacientes? “En los hospitales los recortes los hemos sufrido, y mucho, el personal sanitario. Nos han recortado el sueldo, y trabajamos más horas, pero nadie me ha dicho que deje de ver pacientes o de dar un tratamiento”, se defiende el neumólogo José Miguel Rodríguez.
El cardiólogo José Ramón González-Juanatey opina igual. “Es verdad que han aumentado las listas de espera, pero no para los casos muy graves. Esos se atienden siempre”.
Los médicos dicen que aún no han llegado los recortes a los pacientes
“Estamos ante los efectos esperados por los recortes brutales e indiscriminados que se han producido en la sanidad pública sumados al empobrecimiento de la población. Una vez más se demuestra que los recortes matan. Nos tememos que las cifras de 2013 sean mucho peores, salvo que se rectifique la política sanitaria y de protección social”, afirma la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP).
Los expertos les dan la razón en parte: quizá no sean los recortes en sanidad los directamente culpables del aumento de la mortalidad, pero hay un “efecto difuso del empobrecimiento”, afirma Benavides. En cardiología, por ejemplo, eso se ve fácil: “La gente come peor, toma más grasas industriales. Además, la propia situación de estrés hace que haya más infartos”, dice Juanatey. “Puede haber un efecto de la mayor pobreza energética”, señala Hernández.
Los próximos años darán la respuesta exacta. Dos años es poco tiempo para evaluar políticas sanitarias, pero el cambio de tendencia está ahí. Y puede durar: si biológicamente rejuvenecer a los mayores es imposible, económicamente tampoco parece que se esté cerca de reducir la pobreza.

Los suicidios aumentan un 11% en un año

MANUEL ALTOZANO / JAIME PRATS
El número de suicidios en España creció en 2012 hasta los 3.539 casos. Esta cifra representa una tasa de 7,6 por 100.000 habitantes. Se mire por donde se mire, es un claro incremento. Son un 11,3% más que los registrados en 2011 y la tasa más alta desde el año 2008.
La pregunta surge de forma inmediata. ¿Quiere esto decir que la crisis económica ha llevado aparejada un incremento en el número de suicidios? No, a juicio de Santiago Duran-Sindreu, psiquiatra responsable del Plan de Prevención del Suicidio del Hospital de Sant Pau de Barcelona. “Hay una coincidencia en el tiempo entre ambos factores, pero no podemos decir que exista una relación de causa efecto, eso sería atrevido”. Duran-Sindreu considera que el incremento “no es alarmante” ya que las cifras no dejan de moverse en unos valores similares a las de los últimos 15 años. En 2000 las cifras estaban en 8,4 casos por 100.000 habitantes y en 2008 en 8,9. Algo más de un punto por encima del repunte de 2012, según los datos del INE publicados ayer.
Incluso con este incremento, siguen siendo estadísticas muy por debajo de los registros de los países más desarrollados. Con datos de la OCDE la tasa de España en 2011 era de 6,9 por 100.000 habitantes frente a los 8,5 suicidios en Portugal; 9,5 de Holanda; 15 de Polonia o los valores disparados de Japón (20,9) y Corea del Sur (33,3).
Lo que sí ha sucedido es que después de una tendencia decreciente desde el año 2008, a partir de 2010, la curva vuelve a crecer. Y se ha producido un incremento muy elevado respecto a 2011. “Proporcionalmente es de los más altos de la serie”, destaca Duran-Sindreu. Por ello, considera los últimos datos “llamativos”. Tanto como para que sean tomados en cuenta por las autoridades sanitarias.
Este especialista recuerda que más del 90% de las personas que se quitan la vida tienen trastornos mentales y que una situación económica desfavorable es “un estresor crónico que puede desencadenar trastornos adaptativos depresivos”.
Ante los datos que refleja el INE, el psiquiatra reclama la puesta en marcha de un plan de prevención del suicidio, como el que ya tienen otros países de la Unión Europea o comunidades autónomas como Cataluña, que presentó un programa específico destinado a tal fin en diciembre denominado Código Riesgo de Suicidio.
“No hay que alarmar, pero sí se trata de un toque de atención [en referencia al informe del INE] para tomarse en serio esta tendencia que es preocupante”, sostiene Carlos Artundo, psiquiatra y consejero delegado de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP). Artundo tampoco se atreve a establecer aún una relación causal motivada por el hundimiento de las condiciones económicas. Aunque insiste en que hay que estudiar los datos “en profundidad”. “Hay evidencias de un aumento de consultas en centros de salud mental, de casos de ansiedad, depresión y consumo de psicofármacos vinculados a la crisis”, añade.
De los 3.539 suicidios registrados en 2012, un total de 2.724 correspondieron a hombres frente a las 815 mujeres. La cifra es especialmente pronunciada en la franja de edad de los 25 a los 34 años. En este segmento, es la primera causa de muerte entre hombres (el 17,8% del total) y en toda la población, la segunda, por detrás de los tumores.