Recuerdos, recordatorios.
Me desvisto, poco a poco. Me quito mis recuerdos y, al desnudo, me miro los recordatorios. Nítidos, no están amarillos ni grises. Están negros y blancos, bien definidos sus bordes y el negro de los párpados; tantas noches con los ojos abiertos y sin luz en la habitación.
No hables de mí mientras mis hermanos vivan. Ellos no saben nada, ni por mi madre cuando nací, ni tampoco lo saben desde que yo lo supe.
Todo el mundo sabe por mi y por mi vida que soy un campesino socialista, proteiniforme, adaptativo, y, después de muerto, has de hacerlo saber tú.
Muertos mis tíos, yo no hablé porque él no lo hizo. Él, mi Gran Padre.
Ahora lo hago por considerar que hacerlo es poner negro sobre blanco la vida de mi Familia y, en particular, la de mi padre y abuelos.
Mi abuela Laura, por la cual se le dio el nombre a mi hija y su origen a la casa donde vivimos, Mazuren. Digo que casó con José Suárez en El Truébano, donde vivió y ha sido muerta. Alli nacieron mis tíos Obdulia, Gabino, José, Luis y, la tan añorada y tan recordada por mi padre, Rosario. De esta, su hermana, se debe haber vivido mi padre; así me dijo tantas veces, que a su memoria dejaré anotado todo lo que me ha dicho de ella. Tanto recuerdo que de ella hice un dibujo de su cara y, principalmente, de su tronco, de su columna vertebral y sus pies.
Rosario no sobrevivió su juventud, pero si lo hizo en su hermano José Manuel y sus descendientes y, hoy lo hace su sobrino Augusto.
Gracias tía, gracias por la vida que nos has dado. Nunca estarás en el olvido de la Familia; siempre ocuparás el lugar singular dentro de mi amígdala recobrada aquel 23 de Octubre del 2010. Por ella sigo teniendo en mi memoria el calor de tus manos blancas y la voz nasal que cubrió tu vida, como me hizo vivir mi padre.
En el año 1958, conmigo delante, le dijo al abuelo que no estaba dispuesto, que no podía seguir en silencio y, "antes de traicionarte y poner en riesgo la familia que formé, abandono y me voy. He sacado un billete, sin regreso, para irme a Venezuela (un largo silencio y yo con un nudo en la garganta). Esta noche de lo digo a Marina... Y, a este crío, se lo digo ahora: te llamaré y te irás donde yo esté. Mientras, no digas nada a nadie y haz lo que diga el abuelo"
¡Manolo, estás loco!... "Tu te quedas aquí y te enfrentas a tu vida. Tienes que cumplir con la promesa que me has hecho"
Cumpliré. Y para hacerlo, tengo que irme.
¡Bah, bah!. Me voy, mañana hablamos. Te comprendo.
Augusto, dile que tiene que seguir aquí, con todos.
Aquella tarde me pusieron vahos de eucaliptos por el catarro que tenía. Primero me hicieron tomar un líquido amargo de color verde/amarillento y muy amargo que dijeron se llamaba "cirigüeña"
Vaya noche con visiones alucinantes: todo eran imágenes de personas que se doblaban sobre si mismas y se desplazaban como las serpientes.
Iguales imágenes las tuve durante mi estancia en el Hospital de Cabueñes cuando me asistieron tras la asfixia sufrida en Agosto del 2010. En este caso último se acompañó el mandarme callar ante toda pregunta que hacia, incluso con exabruptos. En este momento de asistencia negada me incorporé para agredir a quien me propinaba tales agresiones. Tengo grabada a fuego la voz de aquel sujeto, necesariamente no persona y, por supuesto, no sanitario.
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