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26 may 2014

Para no alargar esta historia

"Añadiré, para no alargar esta ya larga historia, que enrolamos algunos marineros, que nuestra travesía hasta Inglaterra fue feliz y que la Hispaniola arribó a Bristol cuando el señor Blandly estaba disponiendo un barco de socorro. Con ella regresábamos  cinco de los que nos habíamos lanzado en aquella aventura. "La bebida y el diablo se llevaron el resto, y con ensañamiento; de cualquier forma, tuvimos más suerte que aquel otro barco del que cantaban:

"Y sólo uno quedó
De setenta y cinco que zarparon."

Cada uno de nosotros recibió su muy considerable parte de aquel tesoro, y usamos de ella con prudencia o despulfarrándola, según la naturaleza de cada cual. El capitán Smollet se ha retirado de la mar. Gray no sólo supo conservar su dinero, sino que, habiéndole acuciado un súbito deseo de prosperar, se dedicó con afán a su profesión  y hoy es pilotó y copropietario de un hermoso barco, ha contraído matrimonio y es padre de familia.

En cuanto a Ben Gunn, se le dieron mil libras, que gastó o perdió en tres semanas, o para decir mejor, en diecinueve días, pues el que hacia veinte ya vino a nosotros mendigando. Entonces se le encomendó, para garantizarle la vida, un puesto de guardián en una hacienda, que era lo que tanto había tenido él, en la isla; Y ahí continúa sus días, siendo muy querido y popular entre los hijos de los campesinos y un notable solista en el coro de la iglesia los domingos y fiestas de guardar.

De Silver no hemos vuelto a saber. Aquel formidable navegante con una sola pierna ha desaparecido de mi vida; supongo que se reuniría con su vieja negra y que vivirá todavía, satisfecho, junto a ella y al Capitán Flint. Y ojalá así sea, porque sus posibilidades de gozo en el otro mundo son harto escasas.

Los lingotes de plata y las armas aún están, que yo sepa, donde Flint las enterró; y por lo que a mi concierne, allí van a seguir. Yuntas de bueyes y jarcias que me arrastrarán no conseguirán hacerme volver a aquella isla maldita; pero aún en las pesadillas que aún perturban mi sueño oigo la marejada rompiendo contra aquellas costas, o me incorporo sobresaltado oyendo la voz del Capitán Flint que chilla en mis oídos: "¡Doblones!¡Doblones!


La isla del tesoro
Daniel Defoe

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