Quien lea estas notas, apreciará que he iniciado una serie de notas que pretenden ser una manifestación por la "dignidad" de nuestras familias.
Ayer, en la mesa de al lado, oí una voz masculina adulta decir: pero, ¿que te pasa. Eres tonta""? ¿Porque lloras?
Me di la vuelta y, en la mesa estaban sentados dos adultos y una adolescente. Probablemente eran los padres de la joven. Al pronto se levantó la madre y abrazando a su hija, le dijo: tranquila. No pasa nada. Y, no va a pasar más. Tras una corta pausa y dirigiendo la mirada al padre, le espetó: ¿no es verdad, ..., papà?
Mamá, desde que tengo uso de razón que se repite. Estoy harta, me marcho.
Pero, ¿dónde vas a ir hija?. Cuando lo sepa, te llamo. Y vienes conmigo.
Un beso, mamá.
Y tu, ni se te ocurra volver a gritarle ni a tocarla. Para nada tocarla. Mi madre, tu esposa, no es tu mujer.
Se msrchó corriendo. Las lágrimas no le permitieron ver al señor que doblaba la esquina.
Me levanté. Ayudé a levantarse al señor. Le pido excusas por lo sucedido.
Mientras la madre, con los ojos llenos de lágrimas, veía la mesa. El individuo, cruzó las piernas e indiferente dirigió su vista al gris cielo que se aparecía en la ventana golpeando con sus nudillos el cristal donde se decía "café bello"
Mientras España dejaba atrás la dictadura y vivía con pasión su Transición Democrática, los aires de cambio llegaron mucho más tarde para un numeroso grupo de mujeres jóvenes. En esos años de ilusión colectiva por la libertad, los abusos, los maltratos físicos, las humillaciones, incluso los robos impunes de sus propios hijos, constituían la ley cotidiana de tenebrosos centros de privación de libertad para mujeres jóvenes, como la llamada Maternidad de la Almudena. Unos siniestros muros entre los que malvivían adolescentes cuyo único "pecado" fue atentar contra las buenas costumbres por bailar agarrados, fumar a escondidas, tener relaciones sexuales, replicar a un padre autoritario, o quedarse embarazadas.
Ha tenido que pasar mucho tiempo, demasiado, para rescatar del olvido la historia de aquellas mujeres. Por fin ha llegado el momento de contar esa verdad. Esta es la dolorosa crónica de un pasado reciente todavía trágicamente desconocido, una asignatura pendiente de esta democracia, que aún aspira a una dignidad moral, que la historia y millones de personas todavía le exigen.
Esta es la nota de presentación de esta obra imprescindible de leer en voz muy alta por todos los miembros de la familia, en familia, escuchándose en silencio cómplice de denuncia de las relaciones que en la misma se dan.
Las amorales relaciones que se dan en las familias hay que ponerlas sobre la mesa y boca arriba.
Hablar de las relaciones que se dan en la familia y las que sus miembros mantienen fuera de ella.
Las relaciones no han de sorprender cuando se ven reflejadas en la televisión.
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