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30 ene 2016

"Hic iacet in Pravia / qui pravus fuit"

Javier Rodríguez Muñoz

A la muerte de Silo, le sucedió en el trono su sobrino Alfonso, apoyado por su tía Adosinda y los integrantes del "palacio", nombre que designaba al conjunto de nobles y oficiales que junto al rey gobernaban, legislaban y administraban la justicia. La "Rotense" dice: "Muerto Silo, todos los magnates de palacio, con la reina Adosinda, colocaron a Alfonso en el trono del reino paterno". La "Sebastianense" introduce en su relato algún matiz: "Muerto Silo, la reina Adosinda y todos los oficiales de palacio pusieron en el trono paterno a Alfonso, hijo de su hermano Fruela". Del relato de ambas crónicas destaca el papel protagonista de Adosinda al encumbrar a su sobrino en el trono de su padre. De esta proclamación de Alfonso, nada cuenta la "Crónica Albeldense", para la que a Silo le sucede Mauregato "tras hacerse ilegítimamente con el poder".

Inmediatamente después de narrar el encumbramiento en el trono de Alfonso II, las dos versiones de la "Crónica de Alfonso III" dan cuenta de su derrocamiento por su tío Mauregato. "Su tío Mauregato, que había nacido del príncipe Alfonso el mayor (Alfonso I), aunque de una sierva, se levantó hinchado por la soberbia y expulsó del trono al rey Alfonso", se dice en la "Rotense", mientras la "Sebastianense" se expresa en términos similares.

Mauregato, que reinó desde 783 hasta su muerte en 789, era hijo de Alfonso I y de una sierva. El hecho ha dado lugar a todo tipo de especulaciones. Empezando por su nombre, que algunos han querido explicar como derivado de "maurus", término latino que significa "moro", lo que indicaría que era hijo de una sierva de origen árabe. El hecho de que fuera hijo de Alfonso I, fuera de su matrimonio, dada la consideración de "católico" con que es reconocido este rey por el prodigio divino que rodeó su muerte, llevó a autores cristianos como Lucas de Tuy a afirmar, sin fundamento alguno, que lo engendró después de muerta su mujer Ermesinda, agregando para justificar la debilidad carnal del rey que la sierva era de "gran belleza".

Para el derrocamiento de Alfonso, Mauregato tuvo que contar con ayuda, lo que ha dado pie a todo tipo de conjeturas desde tiempos antiguos. Para algunos, los árabes le prestaron ayuda y a cambio Mauregato les entregaría cada año cien doncellas cristianas. Más verosímil parece la hipótesis de que Mauregato debió de contar con el apoyo de aquellos que habían tenido alguna responsabilidad en el asesinato de Fruela I, ya que serían los más interesados en que no reinara su hijo, pues en tal muerte debieron estar implicados los miembros del linaje cántabro, al que pertenecía Mauregato. Pero la figura de éste, al contrario que la de otros miembros del linaje cántabro, es presentada en las crónicas en términos muy negativos. Mientras la "Albeldense" afirma rotundamente que se hizo ilegítimamente con el poder, la versión "Sebastianense" se mantiene en un tono mucho más suave, pues indica que se hizo con el reino "con astucias". En la "Rotense" hay una censura clara, al señalar que se levantó "hinchado por la soberbia" y se apoderó "ilegítimamente" del reino. De cualquier forma, su golpe de Estado favoreció, sin duda, al linaje cántabro.

Un dato que no aclaran las crónicas es cuánto tiempo medió entre el encumbramiento al trono de Alfonso y su derrocamiento por Mauregato. Se supone que fue un espacio de tiempo muy breve, ya que según la "Nómina" de los reyes asturianos reinó cinco años y seis meses. Tal duración lleva a situar el comienzo de su reinado en 783, el mismo año de la muerte de Silo.

Quizá su golpe no fue tan inmediato, según hacen sospechar dos noticias. Por un lado, la reina viuda Adosinda se vio forzada a profesar como religiosa tras el derrocamiento de su sobrino Alfonso y el triunfo de Mauregato, y se sabe que la ceremonia de su ingreso en el convento tuvo lugar el 26 de noviembre de 785, más por imposición del bando vencedor que por verdadero impulso piadoso. Las viudas de los reyes, según el canon V del Concilio XIII de Toledo, celebrado el año 683, no se podían casar para "evitar la horrenda profanación del lecho real que resulta de que la esposa del rey difunto vuelva a casarse enseguida o se someta a la liviandad del príncipe sucesor". No parece, sin embargo, que Mauregato pudiera temer un nuevo matrimonio de Adosinda, sino su decidido apoyo y el de sus seguidores a la causa del derrocado Alfonso.

Otra noticia a favor de retrasar la fecha del golpe de Estado de Mauregato es la transmitida por el historiador árabe Ibn al-Atîr, que sitúa en el año 168 de la Hégira (784-785 de la cronología cristiana) un ataque musulmán a Oviedo, coincidiendo con los tiempos inseguros suscitados por la rebelión de Mauregato. De ser cierto este ataque y la fecha del mismo, pudo haber mediado más de un año entre la proclamación de Alfonso y su derrocamiento, aunque las crónicas asturianas nada digan de ello. Cuenta Ibn al-Atîr: "En este año 168 (784) murió Chîloûn (Silo), rey de Galicia, al que reemplazó Alfonso. Pero Mauregato le atacó y le mató. En esta situación turbulenta, el lugarteniente de Abd al-Rahmân en Toledo hizo una incursión en el país; lo masacró y volvió sano y salvo, trayendo consigo botín y cautivos".

Mauregato es el rey que peor imagen dejó en la literatura histórica posterior. De su reinado, las crónicas asturianas sólo dan cuenta del derrocamiento de Alfonso y de que retuvo el trono en su poder cerca de seis años. Hay que tener en cuenta también que el canon XVII del VI Concilio de Toledo señalaba como impedimento para el acceso al trono el origen servil, así como el logro del mismo de forma tiránica, circunstancias ambas que coinciden en Mauregato. Los historiadores posteriores, ya del siglo XIII, asociaron su nombre al ominoso tributo de las "cien doncellas", que este rey debía entregar al emir musulmán por su apoyo para lograr el trono.

Durante su reinado fue escrito el llamado "Himno para el día de Santiago" y también "O Dei uerbun" ("Oh, Verbo de Dios"), por su primer verso. En este poema, las letras iniciales de sus versos componen un acróstico cuyo texto traducido dice así: "Oh, rey de reyes, escucha al piadoso rey Mauregato, defiéndele y protégele con tu amor". Esta invocación sitúa su composición con toda probabilidad durante el reinado de Mauregato. En este himno hay una alusión al reparto del mundo entre los apóstoles para su evangelización (las llamadas "sorte apostolicae"), en la que aparece Santiago el Mayor como encargado de la predicación en Hispania. Esta vinculación de Santiago a España se empezó a extender en el siglo VII y está en el origen del posterior culto jacobeo y en la declaración de Santiago como patrono de España, pues sus versos finales declaran: "Oh, muy digno y muy santo apóstol, dorada cabeza refulgente de Hispania, sé nuestro protector y natural patrono...".

También durante su reinado se había expandido hasta Asturias la herejía adopcionista, que declaraba que Cristo, en cuanto hombre, sólo era hijo adoptivo de Dios, y que era sostenida por Elipando, obispo metropolitano de Toledo. En la profesión como religiosa de la ex reina Adosinda estuvo presente un abad asturiano, de nombre Fidel, que portaba una carta del citado Elipando en la que recriminaba duramente a Beato de Liébana y a Eterio, obispo de Osma, por la oposición a su doctrina sobre Cristo.

Beato de Liébana y Eterio son considerados por algunos como seguidores de la causa de Adosinda y su sobrino Alfonso, pero que una vez triunfante Mauregato cambiaron de bando. En el citado "Himno para el día de Santiago", atribuido por la mayoría de los estudiosos de esta época a Beato de Liébana, algunos han querido ver en él un intento por parte del monje de Liébana de congraciarse con el rey y atraerlo a la causa antiadopcionista, pues su concurso era fundamental.

Mauregato murió de muerte natural y, según recoge el canónigo ovetense e historiador Tirso de Avilés, fue enterrado en Pravia y en su mausoleo se leía: "Hic iacet in Pravia / qui pravus fuit" ("Aquí yace en Pravia quien fue depravado").


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