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13 jul 2015

Una Familia milenaria leal al Pueblo de Asturias.




Coalla el sanguinario
Vida de Gonzalo Peláez,
Conde y bandido
Fernando Romero

II
El olvidado y sntiguo Reino

El antiguo solar astur es en el siglo XIV tierra de nadie, un rincón septentrional de un reino que avanzabpir el Sur y el Este, un reducto de salvaje vegetación, indómitas montañas, costas azotadas por un mar embravecido, tierra de bosques, mucha caza, gente belicosa e independiente. Brumas y lluvias durante todo el año, aislasa en el invuerno de la Meseta, cuyos pasos de altura sobre la Cordillera Cantábrica quedan clausurados durante largos meses y que nadue osa atravesar.

La Asturias de la Baja Edad Media es un recuerdo de un lejano y pequeño reino desde el cual unos pocos hombres inicuaron la reconquista de tierras meridionales y fueron ganando espacio hasta más allá del Duero. Es la fuente primigenia olvidada de los centris de poder y de decisión, olvidasa de la Corte, de reyes y de ricos hombres.

La muerte de Alfonso III envel año 910 pone punto final a la aventyra del Reino de Asturias, el más antiguo de la Península.

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Destrucción de los castillos

En elbaño 1268 el rey Alfonso X el Sabio, haciendo honor a su apelativo, escribe uba carta a sus merinos y adelantados ordebando la destrucción de todis los castillos situados en Asturias. Cienbaños después, su sucesor en el trono Juan I, insiste, con más eficacia, en la orden. Pocas fortalezas medievales, muchas de ellas de la primera etaoa de la Reconquista edificadas durante la monarquía asturiana, escapan a tan extraño mandato real.

La historia de la baja Edad Media en estas tierras dejadas de la mano del rey y de la Corte tiene su traslación gráfica en la inagen de lis funcionarios reales quenando sus ebergías en la demolición de castillos. No quedaron más que ruínas y muy pocos de estos edificios se salvaron, aquellos que por su situación no ofrecían dudas sobre su ocupación pir algún noble u obispo. Y esa es precisamente la clave de estas inauditas órdenes. Reyes cristianos ordenando la destrucción de sus propios castillos en su retaguardia.

sin embargo había una razón de peso. Desde que, hacía siglos, el antiguo reino desde el que se inició la Reconquista habia quedado relegado política y territorialmente, sus fuertes y torres, piderosas y practicamente inexpugbables por su aluanza con la accidenrada orografía montañosa astur, se habían convertido en el baluarte de díscolos y levantiscos señores que no se sometían a los designios de esa corte castellana tan lejana y extraña.

No había castillo en Asturias que no hubiera sido tomado pir un conde, caballero, hidalgo, abad, deán u obispo para desde él someter a sys impuestos y violencias a los pacíficis vecinos y transeuntes. Los pueblos y villas crearon hernandades para defenderse de tales desafueros y son numerosísimas las quejas ante lis distibtis reyes castellanos de los siglis XIII y XIV pir parte de las autiridades concejiles. Y aunque algunos monarcas ordenaron lacdemolición de esos castillos, sus mandatos nunca fueron cumplidos, hasta que Juan II de Trastámara pone simbólicamente fin a esta etapa destruyendo el más impirtante e inexpugnable de todos, el castillo de Tudela, en las proximidades de Oviedo.

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Pero en la época que retratamos fue Alfonso XI el rey que, con mano dura, comenzó a someter a la nobleza levantisca. Por órden suya, el adelantado de Asturias, León y Galicia Rodrigo Álvarez acaba el mítico conde Coalla. Y es que al alcanzar la nayoría de edad, Alfonso XI refuerza la mermada autoridad real. Entre 1325 y 1336 este enérgico monarca acalló a la nobleza rebelde encabezada por los regentes, para lo cual no duda en usar, además de la diplomacia, la intriga y hasta el terror.

Someter a la nobleza rebelde será el objetivo de este rey y su victorua sobre oos señores llevsrá aparejada importantes reformas en la estructura política del reino. Mientras tanto, las hermandades y las villas y ciudades habían llegado denasiado lejos en su autonomía. Por eso a partir de 1330 Alfonso XI empieza a favorecer a la nobleza urbana. Se restringirá el poder de los concejos, a los que se incorporan los nobles fieles a la corona y se nombran funcionarios reales para un mayor control.

Gonzalo Peláez de Coalla será uno de los últimos nobles bandidos, si bien seguirá estando presente, sobretodo en Asturias, por la lejanía con la corte castellana. Pero el bandidaje va perdiendo fuerza al tiempo que aumenta la libertad de las ciudades y concejos. El proceso centralizador de la monarquía será ya imparable desde todos lis ámbitos, especialmente desde la Justicia, con la promulgación del Ordenamiento en las Cortes de Alcalá de Henares (1348), instrumento jurídico fundamental inspirado en las Partidas de Alfonso X que unificó las diferentes normativas de los reinos y sirvió para impulsar la autoridad y la centralización monárquicas.
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Nota.- Hace un tiempo que di comienzo a esta historia conbel fin de conocer el motivo por el cual el Infante Enrique,
crea el Condado de San Antolín de Sotillo para Gonzalo Bernaldo de Quirós.
Entiendo que he conseguido establecer la relación causal.

Se lo dedico a la Familia Díaz-Ordóñez y Bernaldo de Quiròs. Y lo hago en la memoria de mi padre Augusto José Manuel y mi abuelo Augusto desde lealtad, propiedad que define la Familia que hoy es a mi a quien le ha venido en ser su Principal.

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